Saturday, May 24, 2014

Adoration: Invitation to love and sharing

By J.A. Raja Sebastian sscc, from India, General Econome

English  /  Español

When I sit in adoration, all that comes to my mind are my sins, guilt feelings and unworthiness. The mantra that my heart sings again and again: “Lord Jesus, have mercy on me sinner.”  So I bend my knees for mercy. By this way, I repair myself and the world around me.

Damien writes to his brother, “My brother, it is really only at the foot of the altar that we find the necessary strength in our isolation…. Without the Blessed Sacrament, a situation like mine would be unbearable. But with the Lord at my side I am always joyful and happy.” (December 13, 1881)

How could Damien was always joyful and happy! Not me! May be my focus is narrowed on my sins. May be I need to shift my focus on wondering the grace of God  more than anything else.  

The majesty of absolute Love that approaches man in revelation goes out to meet him, invites him, and elevates him to an inconceivable intimacy,” writes Hans Urs Von Balthasar in his book Love alone is credible.  Adoration is where we meet our Lord: the Love that mystifies us. There is no oneself bending in mercy, on the contrary we are invited to be part of that mystery: coming close to that Love! What an open invitation it is! We just sit in wonder!

This experience of love will never leave us to remain close to ourselves. We cannot silently watch again the world around us. Around us are so many contradictions! Poor, sick, oppressed, orphans, needy, etc. Most of the times, we silently watch and participate in those contradictions. We dare not to address the root! We try to cure the wound!
We offer our services to those oppressed and unwanted, but not raise our voices against what causes it: the root. Most of the times, we are not aware of it.  By being silent we become part of it.

Damien raised his voice against the government that did not offer its duty to the lepers. May be we need to ask for courage not to be silently watching but to raise our voices. We are just tools in the hands of God as Damien reminds us.

In wonder we adore the Lord! In response to that Love we change our silence! Our conversion leads us to share in our littleness. We open ourselves so that the Lord may use us!



Adoración : invitación a amar y compartir
Cuando me siento en la adoración, todo lo que viene a mi mente son mis pecados, mis sentimientos de culpa y de indignidad. El mantra que mi corazón canta una y otra vez es: "Señor Jesús, ten piedad de mí, pecador”. Así que inclino mis rodillas pidiendo misericordia. De esta manera, puedo repararme a mí mismo y al mundo que me rodea.

Damián le escribe a su hermano : "Mi querido hermano, al pie del altar es donde encontramos la fuerza necesaria en nuestro aislamiento… Sin el Santísimo Sacramento, una situación como la mía sería insoportable. Pero teniendo a nuestro Señor a mi lado, ¡pues bien! sigo estando alegre y contento” (Carta a Pánfilo, 13 diciembre 1881).

¿Cómo podía Damián estar siempre alegre y feliz? ¡Yo no! Puede ser que mi enfoque se constriñe a mis pecados. Puede ser que tenga que cambiar mi enfoque admirando más la gracia de Dios que cualquier otra cosa.

"La majestad del amor absoluto, que se acerca al hombre en la revelación, va a su encuentro, lo invita y lo eleva a una intimidad inconcebible", escribe Hans Urs Von Balthasar en su libro “Sólo el amor es creíble”. La adoración es donde nos encontramos con nuestro Señor: el amor que nos desconcierta. No es que uno se incline pidiendo misericordia, sino más bien que estamos invitados a ser parte de ese misterio: ¡acercarse a ese amor! ¡qué abierta invitación! ¡simplemente nos sentamos con asombro!

Esta experiencia del amor nunca nos dejará permanecer cerrados en nosotros mismos. No podemos de nuevo mirar en silencio el mundo que nos rodea. A nuestro alrededor hay tantas contradicciones: pobres, enfermos, oprimidos, huérfanos , necesitados, etc.  La mayoría de las veces, silenciosamente observamos y participamos en esas contradicciones. ¡No nos atrevemos a ir a las raíces! ¡Tratamos de curar la herida!

Ofrecemos nuestros servicios a los oprimidos y a los no deseados, pero no levantamos nuestras voces en contra de lo que lo causa: la raíz. La mayoría de las veces, no somos conscientes de ello. Por estar en silencio nos convertimos en parte de ella.

Damián alzó la voz contra el gobierno que no ofrecía lo que debía a los enfermos de lepra. Puede ser que tengamos que pedir valor para no estar observando en silencio, sino que levantemos la voz. Sólo somos herramientas en las manos de Dios, como Damián nos recuerda.

¡En admiración adoramos al Señor! ¡En respuesta a ese amor cambiemos nuestro silencio! Nuestra conversión nos lleva a compartir desde nuestra pequeñez. Nos abrimos para que el Señor puede hacer uso de nosotros.



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