Monday, July 17, 2017

La migración como rostro concreto que se nos impone

Migration as a concrete face imposed on us

La migration comme figure concrète qui s’impose à nous


Carlos Alonso Cuevas Solís sscc (México)


Soy sujeto cuando aparezco atado con una responsabilidad que ni he buscado ni procede del tiempo que domina mi conciencia.
  Emmanuel Lévinas

Ser Sagrados Corazones con un carisma contemplativo en la acción nos ofrece la mayor oportunidad de no solo pensar la realidad al contemplarla, sino de afirmar nuestra identidad en el compromiso que surge frente al otro, incluso en el instante previo a la misma contemplación.

En este sentido pareciera que ninguna realidad nos es ajena, pues toda realidad se nos impone y nos hace responsables de ella. Pero esta realidad no es un ente abstracto, sino un concreto que surge previo al lenguaje y que se da en el encuentro con un otro. Por ello en el encuentro con el otro basta un instante para que este otro nos haga saber quiénes somos y con ello nos reclame hacernos responsables de él/ella.

Frente a estas realidades nos aparece una que nos es muy familiar desde los orígenes de nuestro carisma: la migración. En la cual el ente concreto, ese otro que con su rostro nos hace responsables de él, recibe el nombre de migrante. Cualquiera que fuera su situación, emigrante, inmigrante, transmigrante, etc., no hace sino hablarnos de quiénes somos.

La experiencia de ser migrante se encuentra en nuestras raíces y en nuestras venas. Fue a través de la migración que nuestra Congregación pudo anunciar el amor misericordioso de Dios al mundo. De aquí que el migrante no nos es ajeno, pues en el rostro que se nos impone, cada vez con mayor frecuencia en nuestro tiempo, nos dice algo en lo secreto, nos revela nuestra identidad como Sagrados Corazones.

En Guadalajara hemos encontrado la oportunidad de acoger a migrantes. Así como los hermanos sscc que nos antecedieron fueron acogidos en cada uno de los países en los que llegaron para vivir, anunciar y proclamar el amor misericordioso de Dios, ahora nosotros tenemos la oportunidad de acoger a los migrantes para construir un futuro esperanzador, sin muros, donde todos tienen derecho a la vida, a expresarse libremente, a la igualdad y a un trabajo digno y justo.

En los últimos años, en colaboración con otras personas de diferentes credos y a travès de la organización FM4 (Dignidad y Justicia en el Camino, A.C.), hemos podido encontrarnos con esta realidad de migración que es tan decidora de nuestra identidad.

FM4 Paso Libre es una organización sin fines de lucro constituida por un grupo interdisciplinario de ciudadanos que a través de la experiencia directa con la realidad de la transmigración en otras zonas de México, decidió emprender un proyecto de intervención integral en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

FM4 Paso Libre está conformado por un extenso equipo de activistas, académicos, estudiantes, profesionistas, religiosas y religiosos, así como madres y padres de familia, quienes aportan su experiencia y trabajo para que el paso de la persona transmigrante sea más digno y justo.

La misión es lograr un trato digno y justo que respete los Derechos Humanos de las personas transmigrantes en su paso por la Zona Metropolitana de Guadalajara a través de la ayuda humanitaria integral, la vinculación institucional, la incidencia política, el trabajo comunitario y la investigación, así como la difusión, sensibilización y concientización sobre el tema migratorio.

Hacer trabajo pastoral en esta organización ha sido una experiencia de autoconocimiento como Sagrados Corazones. Este autoconocimiento nos lo han brindado los rostros maltratados por la violencia, los rostros con esperanzas de un mañana mejor, los rostros de niños que desconocen hacia donde van, los rostros de familias que huyen de su país y los rostros en búsqueda. Todos ellos se nos han impuesto y nos han hecho responsables de ellos sin ellos quererlo.  

Ser Sagrados Corazones desde una realidad como la migración, nos ha llevado a un triple encuentro, un encuentro con uno mismo, con el otro y con Dios.

Y por último es preciso mencionar que, en el marco de la revelación de la propia identidad y del encuentro, el rostro del migrante nos ha llamado a un compromiso ético, no teórico sino práxico, encarnado en el servicio y la relación que tenemos con cada uno de los migrantes. Un compromiso que proclama responsabilidad y que nos hace sabernos hombres de los Sagrados Corazones en búsqueda de un mundo más digno que reconozca la misericordia del buen Dios que da la vida, para todos, y la da en abundancia, sin márgenes geográficos y desde el amor.




Migration as a concrete face imposed on us


I am a subject when I appear tied with a responsibility that I have not sought nor does it proceed from the timing that controls my consciousness.

Emmanuel Lévinas

We are Sacred Hearts with a contemplative-in-action charism. This charism offers us the greatest opportunity not only to think reality by contemplating it, but to affirm our identity in the commitment that arises with respect to the other, even in the moment before contemplation itself.

In this sense it would seem that no reality is alien to us, because all reality is imposed on us and makes us responsible for it. However, this reality is a concrete, not an abstract, entity, that arises prior to language and that occurs in the encounter with another. Therefore in the encounter with the other, a moment is enough for this other one to make us know who we are and thereby so claim us as to make us responsible for him / her.

Migration with which we are familiar from the origins of our charism appears to be one of these self- disclosures. A concrete being, the other who on face value alone makes us responsible for him, receives the appellation: migrant. Whatever be his situation, emigrant, immigrant, transmigrate, etc., he does nothing but speaks to us of who we are.

The experience of being a migrant is in our roots and in our veins. It was through migration that our Congregation was able to announce the merciful love of God to the world. Hence the migrant is not alien to us, for in the face that is imposed on us, more and more frequently in our time, he shares with us something mysterious, revealing our identity as Sacred Hearts.

In Guadalajara we have found the opportunity to welcome migrants. Just as the sscc brothers who preceded us were welcomed in each of the countries where they came to live, to proclaim and to proclaim the merciful love of God, now we have the opportunity to welcome the migrants to build a hopeful future without walls, where everyone has the right to life, to express himself freely, to equality and to dignified and just employment.

In recent years, in collaboration with other people of different faiths and through the organization FM4 (Dignity and Justice in the Way, A.C.), we have found out through the concrete reality of migration who we ourselves are. In terms of identity, this is unreservedly decisive.

FM4 Paso Libre is a non-profit organization formed by an interdisciplinary group of citizens who, through direct experience with the reality of transmigration in other areas of Mexico, decided to undertake a comprehensive intervention project in the Guadalajara Metropolitan Area.

FM4 Paso Libre is made up of an extensive team of activists, academics, students, professionals, religious and religious, as well as mothers and fathers, who contribute their experience and work so that the passage of the transmigrate person is more dignified and just.

The mission is to facilitate a dignified and just treatment that respects the Human Rights of transmigrate people in their transfer through the Metropolitan Area of ​​Guadalajara. This goal is achieved through integral humanitarian aid, institutional linkage, political advocacy, community work and research. In additions to these aids, there is communication, sensitization and awareness on the migratory issue.

Doing pastoral work in this organization has been an experience in self-knowledge for SSCC. This self-knowledge has disclosed to us faces that have been mistreated by violence, faces with hopes of a better tomorrow, faces of children who do not know where they are going, faces of families fleeing their country and faces adrift. All of them have imposed themselves on us and have made us, even without wanting to, responsible for them.

Given a reality such as migration, there is a triple encounter in play for SSCC, an encounter with oneself, with the other and with God.

And finally, it is necessary to mention that, within the framework of the revelation of one's own identity through encounter, the migrant's face has called us to an ethical commitment, not theoretical but practical, embodied in the service given and the relationship that we have with each one of the migrants.  This commitment is a declaration of responsibility and makes us, brothers of the Sacred Hearts, know ourselves to be in search of a more dignified world that recognizes the mercy of the good God who gives life for all, and gives it in abundance, without geographic margins and from love.




La migration comme figure concrète qui s’impose à nous


« Je suis  sujet quand je découvre que je suis engagé dans une responsabilité que je n’ai ni cherchée personnellement ni  procédant  du temps qui dépasse ma conscience. »
Emmanuel Levinas

Etre des Sacrés-cœurs avec un charisme de contemplation dans l’action nous offre une  belle occasion, non seulement de penser la réalité en la contemplant, mais aussi d’affirmer notre identité dans un engagement qui s’impose à nous vis-à-vis de l’autre, y compris dans le bref instant de cette même contemplation.
En ce sens, il semblerait qu’aucune réalité ne nous est étrangère, car  toute réalité s’impose à nous et nous en rend responsables. Cette réalité n’est pas une chose abstraite, mais bien quelque chose de concret  qui advient par le langage et qui se produit dans rencontre avec l’autre. C’est pourquoi dans cette rencontre il suffit d’un instant pour que cet autre nous donne à savoir qui nous sommes et par là nous invite à nous en rendre responsables.
Face à cette réalité, il nous semble que la « migration » est un thème qui nous est très familier, dès nos origines. L’être concret, cet autre qui, avec son visage, nous en fait responsables, est appelé « migrant ». Quelque soit sa situation, émigrant, immigrant, transmigrant, etc, il ne fait pas autre chose que de nous dire qui nous sommes.
L’expérience d’être  migrant est ancrée dans nos veines et nos racines mêmes. C’est par le moyen de la migration que notre Congrégation a pu annoncer l’amour miséricordieux de Dieu au monde. C’est pourquoi le migrant ne nous est pas étranger, car  dans le visage qui s’impose à nous, et ceci, de nos jours, de plus en plus souvent, il nous confie un secret,  nous révèle notre identité comme sacrés-cœurs.
A Guadalajara nous avons eu l’occasion d’accueillir des migrants. Comme les frères sscc qui nous ont précédés, ont été accueillis dans chacun des pays où ils arrivaient pour y vivre, annoncer et proclamer l’amour miséricordieux de Dieu, de même maintenant nous, nous  avons  l’occasion d’accueillir des migrants pour construire un avenir plein d’espoir, sans frontières, où chacun a le droit à la vie, de s’exprimer librement, d’égal à égal et avoir un travail digne  et juste.
Ces dernières années, en collaboration avec d’autres personnes de différentes confessions et à travers l’organisation FM4 (Dignité et Justice sur la route, A.C.), nous avons pu nous rencontrer  autour de cette réalité de la migration qui est si importante pour définir notre identité.
« FM4 Paso Libre » est une organisation à but non lucratif composée d’un groupe interdisciplinaire de citoyens qui, à travers une expérience directe avec la réalité de la migration en d’autres zones du Mexique, a décidé d’entreprendre un projet d’intervention globale dans la région métropolitaine de Guadalajara.
« FM4 Paso Libre » est formé par une large équipe de militants, universitaires, étudiants, professionnels, religieux et religieuses, ainsi que de parents, qui apportent leur expérience et leur travail pour que les démarches des migrants se fassent dans la dignité et avec justice.
Sa mission est de parvenir à un traitement digne et juste qui respecte les droits des migrants durant leur passage dans la zone métropolitaine de Guadalajara avec une aide humanitaire globale, des liens avec les institutions, en tenant compte de l’incidence politique, envisageant la possibilité d’un travail dans la communauté locale,  recherchant des solutions, diffusant l’information, favorisant la sensibilisation et la conscientisation  en matière d’immigration.
Mener  un travail pastoral avec cet organisme a été une expérience d’auto-connaissance  comme enfants des Sacrés-Cœurs. Cette auto-connaissance…ceux qui nous l’ont offerte ce sont ces visages maltraités par la violence, ces visages emplis d’espoir pour un avenir meilleur, ces visages d’enfants qui n’ont aucun avenir, ces visages de familles qui fuient leur pays, ces visages en recherche. Tous ces visages se sont imposées à nous et nous ont rendus responsables d’eux sans qu’ils le veuillent.
Etre des Sacrés-Cœurs à partir de la réalité qu’est  la migration, nous a conduits à une triple rencontre,  rencontre avec nous-mêmes, avec          l’autre et avec Dieu.
Enfin, il est important de mentionner que, dans le cadre de la révélation de notre propre identité et de la rencontre, le visage du migrant nous a appelés à un engagement éthique, non en  théorie, mais dans le concret, incarné dans le service et la relation que nous créons  avec chaque migrant. Un engagement qui provoque notre responsabilité et nous révèle que nous sommes hommes des Sacrés-Cœurs,  en quête d’un monde plus digne, qui reconnaît la miséricorde du bon Dieu qui donne vie à tous et la donne en abondance, sans frontières géographiques et à partir de l’amour.



Monday, July 3, 2017

Théodore MARTIN sscc


Un des derniers témoins

One of the Last Witnesses

Uno de los últimos testigos




Camille SAPU sscc
Archiviste Général



Nous parlons, dans ces quelques lignes, d’un confrère pour le fait qu’il soit un des témoins de derniers moments de la vie de notre Fondateur avant son voyage vers la « maison de Dieu ». Nous sommes tombés dans un des écrits d’un genre très rare. Il a eu le temps de rassembler les lettres de différentes révues ramassées par-ci par-là, à travers les journaux de l’époque, pour constituer son message à la Congrégation.

Ce confrère est né comme Fridolin Martin. Il a fait sa profession le 15 août 1830 entre les mains d’Hilarion Lucas, comme Délégué du Supérieur Général, le Père Marie-Joseph Coudrin. Après sa profession, il a pris le nom de Théodore. Théodore Martin, infirmier de profession, a eu l’opportunité de soigner et d’accompagner bien des confrères malades, entre ceux-ci, notre cher fondateur.

En lisant un mot sur sa mort (les Annales 1879, pp. 117 – 121), on dit qu’il est un frère dévoué, ayant une charité douce et constante, avec une piété et une humilité remarquable. Il avait toujours de paroles affectueuses envers tout le monde et bien plus envers les malades. En dernier lieu, il est dit de lui qu’il avait une profonde vénération envers nos Fondateurs. Ce mélange de bonté, de patience et d’humilité ont fait qu’il soit appelé par la Communauté « mon neveu ».

Nous faisons un peu de commentaire sur son témoignage à la fin de la vie de notre fondateur. Témoignage recueilli dans un « carnet » qui nous montre combien l’auteur a eu de la patience pour l’écrire. Comme vous le voyez sur la photo accompagnant cet article.



Il commence par nous dire ce qu’il a vécu du Fondateur dans ses derniers moments : « … durant tout le cour (utilisé par l’auteur) de sa dernière maladie on ne lui entendit pas proférer une seule plainte. Pas le plus léger murmure, après un douloureux agoni, qui dura sept heures le calme revint. Il s’est évanoui peu après comme les rayons du soleil, qui éclairent encore quand arrive la dernière heure du jour, mais ils laissent après les regrets et les souvenirs ineffaçables dû aux âmes de ses enfants qui l’entouraient et qui l’aimaient tendrement ». Ce passage nous montre combien notre cher Fondateur est en allé auprès du Père en toute sérénité. Cette dernière attitude est accompagnée par la dimension spirituelle reconnue, de notre fondateur, par notre frère Théodore.

Il nous rappelle que pendant tout le temps de son dernier moment, notre fondateur ne cessait de faire ou de répéter une prière. La prière était tellement constante que Théodore nous la répète textuellement car il l’avait apprise par cœur. Cette prière disait « Mon Dieu je vous adore, pénétré de votre Divine majesté Jésus, je suis votre fils que vous avez racheté par votre précieux corps et votre précieux sang. Je tremble dans ma misère. Vous êtes le Créateur du ciel et de la terre. Vous êtes ma fin. Je vous adore avec les anges et les Saints et je publierai toute ma vie vos louanges ». Le Fondateur a laissé, par notre frère, un bon témoignage de foi.

Théodore nous montre encore qu’il était vraiment un témoin de la dernière heure en nous donnant un discours, plutôt rare, sur l’avenir de la Congrégation. Discours prononcé par le Fondateur lui-même. D’après le commentaire d’Ildelfonse Alazard sscc, ce discours fut une sorte de prédiction ou mieux de tout ce qui adviendrait après sa mort. Le fondateur dira « ils innoveront. Ils feront des distractions, les affaires de la Congrégation seront embrouillées. Il y aura des brouilleries entre eux …, ils souffriront, ils ne seront pas heureux ces pauvres enfants ».  

Juste un jour avant l’élection du T.R. Père Euthyme Rouchouze, (rappelons que Rouchouze fut élu le 19 décembre 1853), Théodore Martin quitta la Congrégation et s’est rallié au groupe schismatique. Sauf qu’il n’y est pas passé beaucoup de temps. Le 4 mai 1856, il est rentré encore une fois à Picpus. Il meurt comme Picpus le 18 décembre 1878.


Le frère Théodore Martin nous laisse un témoignage, qui pour Idelfonse Alazard, d’une grande valeur historique. C’est suite à cette valeur historique que nous avons voulu parler de lui aujourd’hui. Que sa patience, sa charité et sa disponibilité pour le bien de frères, surtout malades, nous stimule à aimer notre Congrégation en cette année jubilaire.



One of the Last Witnesses: Theodore Martin
  

We speak in these few lines of a confrere, one of the witnesses of the final moments of the life of our Founder before his voyage to the house of God. We have come across a rare gem of a writing at a time of gathering letters from here and there in the journals of the time, to put across his message to the Congregation. 

The confrere was born Fridolin Martin.  He made profession on August 15 1830 into the hands of Hilarion Lucas, delegate of the Superior General, Father Marie-Joseph Coudrin. He took the religious name Theodore. He was a nurse by profession and took care of the brothers in Picpus when they were sick. (1) One among them was our cherished Founder, Fr. Coudrin.

 In a note about the death of Brother Theodore, (Annales 1879, pp.117-121), one learns that he was devoted, consistently charitable, pious and notably humble. He always had the right word for everyone and especially the sick. He had a profound veneration for our Founders. Because of this mixture of goodness, patience, humility, everyone wanted to be his uncle and call him “nephew.”  

We give a short commentary on his testimony of the end of the life of our Founder. His testimony is put together in a notebook which shows us the patience that Brother Theodore had to compose it. You can see it in the photo which comes with this article.

He begins by saying that he was with the Founder in his final moments: “…during the course of his final illness, one did not hear a single complaint. Not the slightest murmur, after a painful agony, lasting seven hours, the calm returned. He was going down like the rays of the sun, which still glow even as the final hour of the day wanes, but they leave regrets and indelible memories on the souls of his children who surround him and love him tenderly.” This passage shows us how our dear Founder went before the Father in all serenity.

This attitude is in line with the spirituality of our Founder underscored by Brother Theodore. It reminds us that during the time of his final passing our Founder did not cease to repeat one prayer, a prayer so constant that Brother Theodore can repeat it word for word by heart.  “My God, I adore you, filled with the divine majesty, Jesus. I am your son, You have redeemed me by your precious body and your precious blood. In my own nothingness, I tremble. You are the Creator of heaven and earth. You are the purpose of my life. I adore you with the angels and the saints and all my life I will make known your praises. » Through our confrere, the Founder left a great testimony of faith.

Theodore shows us further that he is truly the witness of the final hour in giving us a discourse, rather unusual, pronounced by the Founder himself on the future of the Congregation. According to the commentary of Ildefonse Alazard sscc, this discourse was a sort of prediction of what would happened after his death. The Founder said: “they will innovate, make distractions, the business of the Congregation will be turned upside down. There will be disputes among them…, they will suffer, they will not be happy, these poor children.”

Just a day before the election of Fr. Euthyme Rouchouze (elected as Superior General on December 19, 1853), Theodore Martin left the Congregation and aligned himself with the schismatic group. His stay away didn’t last long. On May 4 1856 he re-entered Picpus. He died as a Picpus, December 18 1878.  

Brother Theodore Martin left us a testimony which Ildefonse Alazard claims is of great value. It is in reference to this value that we wanted to speak of him today. Would that his patience, his charity and his availability for the good of the brothers, especially the sick stimulate us to love our Congregation in this Jubilee Year.

(1) Martin was infirmarian in the time of the schism when Picpus was invaded by the National Guard, April-May, 1871).



Uno de los últimos testigos
Por Camille SAPU sscc, archivero general.

En estas pocas líneas hablaremos de un hermano que fue testigo de los últimos momentos de la vida de nuestro fundador, antes de su viaje a la "casa de Dios". Nos hemos encontrado con un escrito de un género un tanto extraño. El hermano se dio tiempo para recoger letras de por aquí y de por allá, tomándolas de los periódicos de la época, para componer su mensaje a la Congregación.

Este hermano se llamó al nacer Fridolin Martin. Hizo su profesión el 15 de agosto de 1830, en las manos del padre Hilarion Lucas, como Delegado del Superior General, el padre Marie-Joseph Coudrin. Después de su profesión tomó el nombre de Théodore. Théodore Martin, enfermero de profesión, tuvo la oportunidad de cuidar y acompañar a muchos hermanos enfermos, entre ellos, a nuestro querido fundador.

Leyendo algo sobre su muerte (Annales 1879, pp 117 - 121), se dice que era un  hermano fiel, que tenía con una caridad pacífica y constante, piadoso y de una humildad notable. Siempre tenía palabras atentas para todo el mundo y mucho más para los pacientes. Por último, se dice de él que tenía una profunda veneración por los Fundadores. Esta mezcla de bondad, paciencia y humildad ha hecho que fuese llamado por la comunidad «sobrino».

Hacemos un pequeño comentario sobre su testimonio acerca del final de la vida de nuestro fundador. Un testimonio recogido en un «cuaderno» que muestra la paciencia que el autor tuvo para escribirlo (como se puede ver en las imágenes que acompañan este artículo).

Comienza por decirnos lo que él vivó con el fundador en sus últimos momentos: «...durante todo el curso de su última enfermedad no se le escuchó proferir ninguna queja. Ni el más mínimo murmullo. Después de una dolorosa agonía, que duró siete horas, la calma volvió. Se desmayó un poco después, como los rayos del sol, que iluminan aun cuando llega la última hora del día, pero dejan atrás los remordimientos y los recuerdos indelebles debido a las almas de sus hijos que le rodeaban y que le amaban tiernamente».  Este pasaje nos muestra con que confianza nuestro querido fundador se fue junto al Padre. Este comportamiento final es acorde con la dimensión espiritual de nuestro fundador, reconocida por el hermano Théodore.

Nos recuerda que durante sus últimos momentos, nuestro fundador no dejó de hacer, de repetir, una oración. La oración era tan constante que Théodore nos la ofrece textualmente, ya que se la aprendió de memoria. Esta oración dije así: «Mi Dios yo te adoro, penetrado de vuestra divina majestad Jesús; soy vuestro hijo al que habéis redimido por su precioso cuerpo y su preciosa sangre. Tiemblo en mi miseria. Tú eres el creador del cielo y de la tierra. Tú eres mi fin. Te adoro con los ángeles y santos y toda mi proclamaré tus alabanzas». El Fundador ha dejado, por medio de nuestro hermano, un hermoso testimonio de fe.

Théodore nos muestra además que él fue realmente un testigo de la última hora, dejándonos un discurso, más bien raro, sobre el futuro de la Congregación. Palabras del Fundador mismo. Según el comentario de Ildelfonse Alazard sscc, este discurso era una suerte de predicción, o mejor, de anuncio de que sucedería después de su muerte. El fundador dice que «… innovarán. Habrá distracciones, los asuntos de la Congregación se enredarán. Habrá enfrentamientos  entre ellos…, sufrirán, no van a ser felices estos pobres hijos».

Justo un día antes de la elección del T. R. Padre Euthyme Rouchouze, (recordemos que fue elegido el 19 de diciembre de 1853), Théodore Martin dejó la Congregación y se unió al grupo cismático. Pero no fue por mucho tiempo. El 4 de mayo de 1856, se reincorporó a Picpus. Murió como picpuciano el 18 de diciembre de 1878.

El hermano Théodore Martin nos deja un testimonio, que para Idelfonse Alazard es de gran valor histórico. Por este valor histórico hemos querido hablar hoy de él. ¡Qué su paciencia, su caridad y su disponibilidad para el bien de los hermanos, especialmente para con los enfermos, nos estimula a amar nuestra Congregación en este año jubilar!





Monday, June 19, 2017

View from a Missionary Seminarian in Fiji

Regard d’un séminariste missionnaire aux Fidji

La mirada de un seminarista misionero en Fiji




By William Gural sscc
    
We Christians are all sent.  Masses end with “go and announce the gospel of the Lord.”  Most times we are sent near geographically, but to “far away” places: to people rejected and disregarded that we did not notice or were afraid to befriend, and to the deep recesses within ourselves we have long forgotten to invite God to. 
 
     I am in seminary in Fiji as a late vocation brother of the Sacred Hearts of Jesus and Mary.  “God is doing a new thing” if we are open to this new and abundant life.   The excuse I give for my tardiness is that I was a Protestant until eight years on Easter when I entered the Catholic Church.  I was given a lot by my family and community in the Protestant church and I am grateful that my baptism was accepted.  The holy oil of confirmation and the strengthening by the Holy Spirit was a wonderful gift indeed.

     After a few years of searching, I found the Sacred Hearts, and began pre-novitiate in my native state of Massachusetts in the U.S. Province.  I was surprised to learn a few months later from our formator and superior, Fr. Stan Kolasa, that the seminary would be moved from California to Fiji.  I was a bit stunned, but prayed, tried to trust and surrender, and to live just within the day God was giving me. 

     After a very spiritually rich and grace-filled year of novitiate, I came with my novitiate class to Fiji in late January of this year, 2017.   I had listened to stories from brothers who had already been to Fiji, but, as I stepped off the plane and into smells of curry and sounds of melodic Fijian voices, being here has made all the difference. 

     As a seminarian, I am missionary more in the sense of being sent, trusting in my vow of obedience, and in God’s providential care.  I am not a missionary as were our beloved St. Damien of Molokai and Blessed Eustaquio of Brazil who scrambled up mountains, waded in swamps, learned languages, built schools and churches, bandaged wounds, and saved thousands.  I am a missionary in being sent to a distant country to prepare for priesthood, to receive from a hospitable and faithful people, and to learn how to adapt to a much different culture. 

     The teachers, staff, and the other seminarians have been very welcoming. At Pacific Regional Seminary with its morning tea and numerous socials with plenteous kava [1] and talanoa (conversation), taking time for relationships and friendships is very important.   

      Seminarians are religious and diocesan, coming mostly from South Pacific islands I had barely heard of:  Solomon Islands, Vanuatu, Wallis and Futuna, Nouvelle Caledonie, Samoa, Tonga, and PNG (Papua New Guinea).  I now know that Wan Talks are people from the Solomon Islands that speak the same way and are close kindred group.  Bits and pieces of the Pacific Ianguages are understandable now to me thanks to the songs we have sung in seminary choir. 



        At the seminary, we are more often called Picpus; there are memories of SSCC forebears and their hospitality.  When our U.S. Province men in formation first arrived in Fiji, Marist College extended great hospitality.  The Marists recalled stories of their first missionaries to the South Pacific being aided by the Sacred Hearts in Chile.

       Sports happen three times a week at school which gives us time not only for fitness, but also for bonding- an important lesson as we ready ourselves to be servants of our serving God.  I have gravitated to basketball and gotten to know the Micronesian seminarians, which also have caused me to reflect on my country’s mistreatments there. 

     Recently, a Columban classmate, Meli, invited four of us seminarians to stay with his family in his village in the highlands, about 120 km. from our urban capital, Suva.  We took a bus and then a carrier truck up to the village, participated in a sevu sevu (traditional homage paying ritual with presentation of kava), listened to stories of Marist and Columban missionaries, had a picnic of fried fish netted and speared from the river, witnessed efforts to rebuild after the super cyclone Winston of a year ago, ate delicious home-cooked Fijian and Indian food, and traveled to an island village on a steep hillside. 

     I felt a little like one of our Sacred Hearts missionary forefathers when we helped in the library: Brs. Eric and Darius getting the computers running again, Br. Emil and myself guiding the kids in the educational software, and reading to them.  I believed God was working through us in all this, mostly in receiving their love and kindness, but also in helping and affirming the children.  For a brief moment, we saw through eyes of our evangelical predecessors and hopefully into our missionary future. 




[1] Kava or kava-kava (Piper methysticum: Latin "pepper" + Latinized Greek "intoxicating") is a crop of the western Pacific. The name kava(-kava) is from Tongan and Marquesan; other names for kava nclude ʻawa (Hawaiʻi), ʻava (Samoa), yaqona (Fiji), sakau (Pohnpei),and malok or malogu (parts of Vanuatu).  The roots of the plant are used to produce a drink with sedative, anesthetic, euphoriant, and entheogenic properties. Kava is consumed throughout the Pacific Ocean cultures of Polynesia, including Hawaii, Vanuatu, Melanesia and some parts of Micronesia for its sedating effects. Its active ingredients are called kavalactones.  (Wikipedia)



La mirada de un seminarista misionero en Fiji      
     
     Todos los cristianos somos enviados. Las misas terminan con «vayan y anuncien el Evangelio del Señor». La mayoría de las veces nos envían cerca geográficamente, pero a lugares "lejanos": a personas rechazadas y desatendidas de las que no nos damos cuenta que están ahí o con las tenemos miedo de entablar una amistad, o bien a las profundidades dentro de nosotros mismos donde hace mucho tiempo que olvidamos invitar a Dios.

     Estoy en el seminario en Fiji, como hermano de «vocación tardía» de los Sagrados Corazones de Jesús y María. «Dios hace algo nuevo» si estamos abiertos a esta vida nueva y abundante. La excusa que doy por mi tardanza es que fui protestante hasta los ocho años, hasta el día de Pascua en que entré en la Iglesia Católica. He recibido mucho de mi familia y de la comunidad de la iglesia protestante y estoy agradecido de que mi bautismo fuese aceptado. El santo óleo de la confirmación y el fortalecimiento por el Espíritu Santo fue un regalo maravilloso.

     Después de algunos años de búsqueda encontré a los Sagrados Corazones y comencé el pre-noviciado en mi estado nativo de Massachusetts, en la Provincia de los Estados Unidos. Me sorprendió saber unos meses más tarde por parte de nuestro formador y superior, el padre Stan Kolasa sscc, que el seminario iba a ser trasladado de California a Fiji. Yo estaba un poco aturdido, pero oraba, intentaba confiar, entregarme, y vivir justo día a día lo que Dios me estaba dando.     

Después de un año de noviciado muy rico en espiritualidad y lleno de gracia, llegué con mis compañeros de noviciado a Fiji, a finales de enero de este año de 2017. Había escuchado historias de hermanos que ya habían estado en Fiji, pero bajar del avión y comenzar a olor el curry y a escuchar los sonidos de las voces melodiosas de Fiji, hizo la diferencia.

     Como seminarista, soy misionero más bien en el sentido de ser enviado, confiando en mi voto de obediencia y en el cuidado providencial de Dios. Yo no soy un misionero como lo fueron nuestros queridos San Damián de Molokai y el Beato Eustaquio de Brasil, que subieron montañas, vadearon pantanos, aprendieron lenguas, construyeron escuelas e iglesias, vendaron heridas y salvaron a miles. Soy un misionero en cuanto que soy enviado a un país lejano para prepararme para el sacerdocio, para recibir de un pueblo hospitalario y fiel y para aprender a adaptarme a una cultura muy diferente.

     Los profesores, el personal y los demás seminaristas han sido muy acogedores. En el Seminario Regional del Pacífico, con su té de la mañana y sus numerosas actividades sociales, con su kava[1] abundante y la talanoa (conversación), el dar tiempo para las relaciones y amistades es muy importante. Los seminaristas son religiosos y diocesanos, provenientes principalmente de las islas del Pacífico Sur, de las cuales  apenas había oído hablar: Islas Salomón, Vanuatu, Wallis y Futuna, Nueva Caledonia, Samoa, Tonga y Papúa Nueva Guinea (PNG). Ahora sé que Wan Talks son personas de las Islas Salomón que hablan la misma manera y son un grupo afín cercano. Fragmentos de las lenguas del Pacífico me son comprensibles ahora gracias a las canciones que hemos cantado en el coro del seminario.

        En el seminario, nos llaman más a menudo Picpus. Hay recuerdos de los SSCC antepasados ​​y de su hospitalidad. Cuando nuestros hermanos en formación de la Provincia de los Estados Unidos llegaron por primera vez a Fiji, el Colegio Marista mostró una gran hospitalidad con ellos. Los maristas recordaron las historias de sus primeros misioneros del Pacífico Sur que fueron ayudados por los Sagrados Corazones en Chile.

       En la escuela hay deporte tres veces a la semana, lo que nos da oportunidad no sólo para mantenerse en forma, sino también para estrechar relaciones  - una lección importante al prepararnos a ser servidores del Dios que sirve -. Yo me he metido en el baloncesto y así he podido conocer a seminaristas micronesios, que también me han hecho reflexionar sobre los maltratos que mi país ha hecho allí.

     Recientemente, un compañero de clase “columbano” (Sociedad Misionera de San Columbano),  Meli, nos invitó a cuatro seminaristas a pasar un tiempo con su familia en su aldea de las tierras altas, a unos 120 kilómetros de nuestra capital urbana, Suva. Tomamos un autobús y luego un camión de transporte hasta la aldea, participamos en un sevu sevu (ritual de homenaje tradicional con la presentación de kava), escuchamos historias de misioneros maristas y columbanos, hicimos un picnic de pescado frito (pescado con redes y arpones en el río), fuimos testigos de los esfuerzos para reconstruir las viviendas después del súper ciclón Winston de hace un año, comimos la deliciosa comida casera de Fiji e india, y viajamos a una aldea aislada en una empinada colina.

     Me sentí un poco como uno de nuestros antepasados ​​misioneros de los Sagrados Corazones cuando estuvimos ayudando en la biblioteca: los hermanos Eric y Darius consiguieron volver a hacer funcionar varios ordenadores, el hermano Emil y yo guiamos a los niños usando un software educativo y les leímos libros. Entendí que Dios estaba trabajando a través de nosotros en todo esto, sobre todo al recibir su amor y bondad, pero también al ayudar y reafirmar a los niños. Por un breve momento, vimos a través de los ojos de nuestros predecesores en la evangelización y esperemos que también a nuestro futuro misionero.



[1] El kawa-kawa, kava kava o kava (Piper methysticum) es una planta estrechamente relacionada con el pimentero, Piper nigrum; de origen polinesio. Las raíces de la planta se utilizan para producir una bebida con propiedades sedantes, anestésicas, euforizantes y enteogénicas. El Kava se consume en todas las culturas del Océano Pacífico de la Polinesia, incluyendo Hawai, Vanuatu, Melanesia y algunas partes de Micronesia por sus efectos sedantes. Sus ingredientes activos se llaman kavalactones. (Wikipedia)



Regard d’un séminariste missionnaire aux Fidji

Chrétiens, nous sommes tous envoyés. Toute messe  se termine par un envoi : « Allez, annoncez l’Évangile du Seigneur ». La plupart du temps nous sommes  envoyés  sur un lieu proche, les lieux « lointains » : ce sont les gens rejetés et sans considération de la part de la société. Nous n’avons souvent même conscience de leur présence. Souvent nous avons peur d’engager une amitié avec eux. Nous avons peur même de notre propre intimité où depuis longtemps nous avons oublié d’inviter Dieu.

Je suis au séminaire des Fidji, comme  frère des Sacrés-Cœurs de Jésus et de Marie,  de « vocation tardive». « Dieu fait du nouveau avec de l’ancien, » si nous restons  ouverts à sa vie nouvelle qu’il nous prodigue abondamment. Je peux expliquer mon retard par le fait que j’étais Protestant jusqu'à mes huit ans, jusqu'à ce jour de  Pâques où  je suis entré dans l’Eglise catholique. J’ai beaucoup reçu  de ma famille et de la communauté de l’Eglise protestante et suis reconnaissant que mon baptême ait été bien accepté. L’onction sainte de la confirmation et la force de l’Esprit Saint ont été pour moi un cadeau merveilleux.

Après quelques années de recherche, j’ai découvert les Sacrés-Cœurs et j’ai commencé le pré- noviciat dans mon Etat d’origine, le Massachusetts, Province des États-Unis d’Amérique. Quelques mois plus tard, j’eus la surprise  d’apprendre par  notre formateur et supérieur, le père Stan Kolasa sscc, que ce séminaire allait être transféré de la Californie aux îles Fidji. J’étais un peu abasourdi, mais j’ai  prié, j’ai essayé de faire confiance, de me donner  et de vivre juste au jour le jour ce que Dieu me demandait.

Après une année de noviciat, très riche  spirituellement et comblé de grâces, j’arrivais  aux Fidji avec mes compagnons de noviciat,  à la fin du mois de janvier de cette année  2017. J’avais entendu des commentaires de frères qui avaient été aux Fidji, mais quand je suis descendu de l’avion, sentant le parfum du curry, entendant les voix mélodieuses propres aux  Fidji, là j’ai découvert toute  la différence.

Comme séminariste, je suis  missionnaire, en ce  sens que j’ai été envoyé, dans l’esprit de mon vœu d’obéissance et reconnaissant l’attention toute providentielle de Dieu. Je ne suis pas missionnaire comme   le furent nos chers prédécesseurs,  saint Damien de Molokai et le Bienheureux Eustaquio au Brésil, eux  qui ont gravi  des montagnes, parcouru des marais, appris des langues, construit des écoles et des églises, soigné des malades, sauvé des milliers de gens. Je suis  missionnaire en ce sens que j’ai été envoyé dans un pays lointain pour me préparer au sacerdoce, être accueilli   par un  peuple hospitalier et fidèle et amené à m’adapter à une culture très différente de la mienne.

Les professeurs, le personnel et les autres séminaristes ont été très accueillants. Pour le  séminaire régional du Pacifique, son thé du matin et ses multiples activités sociales, son  abondant kava [1], la talanoa (conversation),  le temps pris gratuitement pour les relations et les amitiés, tous ces éléments sont très importants. Les séminaristes sont religieux et diocésains, venus  principalement des îles du Pacifique Sud, dont j’avais à peine  entendu parler : îles Salomon, Vanuatu, Wallis et Futuna, Nouvelle-Calédonie, Samoa, Tonga et Papouasie-Nouvelle Guinée (PNG). Maintenant, je sais que  les Wan Talk sont des gens  des îles Salomon qui parlent  la même langue  et forment  un groupe homogène. Des bribes  des langues du Pacifique sont devenues pour moi compréhensibles maintenant, grâce à des chants que nous avons chanté dans le chœur du séminaire.



Au  séminaire, on nous appelle plus communément  Picpus. Il y a toujours des souvenirs des anciens SSCC et de leur hospitalité. Quand nos frères en formation de la Province des États-Unis d’Amérique sont arrivés pour la première fois aux  îles Fidji, le collège Mariste leur a été très hospitalier. Les Maristes rappellent des histoires de leurs premiers missionnaires dans le Pacifique Sud et comment ils furent aidés par des Sacrés-Cœurs au Chili.

À l’école, il y a du sport trois fois par semaine, ce qui nous donne l’occasion non seulement de rester en forme, mais aussi de renforcer les relations entre nous-  bonne leçon pour nous préparer à être des serviteurs de Dieu-. J’ai choisi le  basket-ball et ainsi j’ai eu l’occasion de connaître des séminaristes micronésiens qui m’ont donné à penser aux abus que mon pays leur avait infligés.


Récemment, un compagnon de classe « colombien » (de la société missionnaire de Saint Colomban), Meli, nous a invités, quatre séminaristes, à vivre quelques moments auprès de sa famille dans son village des terres hautes, à 120 kilomètres de notre capitale urbaine, Suva. Nous avons pris un bus, puis un camion de transport pour arriver au village. Nous avons participé à un sevu sevu (rituel  d’hommage traditionnel avec la présentation du kava) Nous avons écouté des histoires de missionnaires maristes et colombiens, nous avons  pique-niqué avec du poisson frit (poisson péché  dans la rivière avec des filets et des harpons). Nous avons été témoins des efforts déployés pour reconstruire les maisons détruites à la suite du très violent  cyclone  Winston, il y a un an. Nous avons goûté à la délicieuse cuisine familiale des Fidji et de l’Inde. On  s’est rendu à un village isolé sur une colline escarpée.

Je me suis senti  un peu comme l’un de nos anciens missionnaires des Sacrés-Cœurs lorsque nous sommes allés aider à  la bibliothèque : les frères Eric et Darius ont réussir à faire démarrer  plusieurs ordinateurs. Frère Emil et moi-même avons aidé  les enfants à utiliser des logiciels éducatifs, et nous leur avons lu les livres. J’ai compris qu’en tout cela Dieu travaillait  à travers nous, surtout quand nous accueillions  son amour et sa bonté, mais aussi en aidant  et  en faisant confiance aux enfants. Pendant un bref moment, nous avons vu à travers les yeux de nos prédécesseurs évangéliques et, nous l'espérons, dans notre propre avenir missionnaire.



[1] Le kawa-kawa, kava kava ou kava (Piper methysticum) est une plante apparentée au poivre, Piper nigrum ; d’origine polynésienne. Les racines de la plante sont utilisées pour produire une boisson avec des propriétés sédatives, anesthésiques, euphoriques et athérogènes. Kava est consommé dans toutes les cultures de l’océan Pacifique de Polynésie, y compris Hawaii, Vanuatu, Mélanésie et certaines parties de la Micronésie pour ses effets sédatifs. Ses ingrédients actifs sont appelés les kavalactones. (Wikipedia)