Friday, April 24, 2020

Damien: De Molokai à Huwan et de la lèpre à Covid-19



  
Adalbert Mantubu sscc (Allemagne/Congo)
Damien si tu étais aujourd’hui là? Parce que tu es Vital. Tu restes à jamais connu et gravé dans les coeurs des multiples. Ton histoire a été une follie et ta vie une véritable offrande. À travers le monde, nous sommes aujourd’hui des millions d’hommes et des femmes à te suivre et à admirer ton courage, pour y trouver quelque chose d’unique.  Pour y recevoir une vision pour le monde d’aujourd’hui et ainsi laisser inspirer nos vies de l’Evangile. On prétend qu’il est de plus en plus difficile de transmettre des valeurs chrétiennes aux générations d’aujourd’hui. Et pourtant, nombreux sont ceux qui suivent aujourd’hui le christ et qui donnent des témoignages éloquants de leurs vies à partir de l’exemple de ta foi. C’est pourquoi il est si important que tu demeures au quotidien de notre vie. Cependant une vie donnée a un coup gratuit et accessible á tous; et  que toute l’humanité est loin capable à couvrir. Alors pour que ta vie continue à transmetrte ses valeurs, nous te célébrons. Devant les situations et les frustrations que nous vivons actuellemnt, provovées par le Covid-19, nous tournons vers toi. Si tu étais aujoud’hui là?  Toi qui  as vécu l’expérience de confinement avec les Lépreux à Molokai. Tu as vécu l’expérience d’aimer de de servir. Le service. Ce geste qui est la condition pour entrer dans le royaume des cieux. Servir , oui, tous. Le Seigneur dans un échange de paroles qu’il a eu avec Pierre ( Cf. Jn 13, 6-9), lui fait comprendre que, pour entrer dans le Royaume des cieux, nous devons permettre au Seigneur de nous servir, permettre que le serviteur de Dieu soit notre serviteur (Cfr. Homélie du Pape Francois aux Pretres,09 Avril 2020). 

Le confinement: Un temps creu ou profitable?



Adalbert Mantubu sscc (Allemagne/Congo)
Ne dit-on pas que quand une porte se ferme, s’ouvre aussi une autre? Le Coronavirus nous a tous surpris. Les gestionnaires disent: gouverner, c’est prévoir. Qui peut nous dire qu’il a compté cette année etre accompagner par le Covid-19? Le Covid-19 nous brusquement imposé son rythme et sa logique. Une surprise. Une bonne ou mauvaise surprise? Nos projets et agendas sont de facon inattendue boulversés, Le rythme scolaire, universitaire et de formation sont spontannement interrompus. Les voyages repportés, les reunions annulées, les rendez-vous manqués, le transport réduit, les rues de plus en plus désertes. Les distances créees entres les hommes, Les églises fermées, des célébrations interdites ou réduites. Les économies en récession, ralentissant la productivité et la consommation des biens et services. La peur  et la panique s’installent. Bref: La vie est paralysée. Que dire de nos frères infectés ou de ceux qui sont tombés dégrace à cette pandémie? Les économistes disent que chaque crise  (éconmique) est une opportunité. Est-il aussi le cas avec le Covid-19? Quand on perd d’un coté, on doit chercher à gagner de l’autre? Ces dispostions sont utiles pour nous prévenir de tout risque de contamination du Covid-19.

Thursday, April 16, 2020

Una mirada teogastronómica / A theogastronomic point of view / Un point de vue théogastronomique

“Saboread a Dios en el camino de la vida”
 Buen Padre.

La fraternidad Sagrados Corazones como extensión de una vida Eucarística
 a partir de una mirada Teogastronómica.


Samuel Silvero sscc, religioso en formación inicial. Actualmente reside en Belo Horizonte (Brasil), donde cursa el último de Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología y el segundo año del Curso de Intérprete de Lenguaje de Signos brasileño. Junto andar teológico, ayuda en la coordinación del Sector de Catequesis del Santuario de la Salud y la Paz (Padre Eustaquio), parroquia de los Sagrados Corazones como también apoyando a la Pastoral del Sordo.

RESUMEN: a partir de nuestra dimensión eucarística-reparadora fuimos dando gran valor a un aspecto de ser un Religioso SS.CC que sin dudas nos caracteriza: el espíritu de familia y el ser fraternal, nuestro fundador nos ilumina bastante para vivir esta dimensión. Teniendo en foco nuestra Vida eucarística el presente texto tiene la intensión de dar una perspectiva Teogastronómica a nuestro modo de vivir como SS.CC y la intensión de darnos totalmente para el otro haciendo el gesto de dar gracias y no tener miedo a darnos sin medida como hizo Jesús.
El recorrido que haremos es un intento de esbozar un aspecto identitario Sagrados Corazones; nuestro Espíritu de familia que se refleja en nuestras relaciones fraternales. Este itinerario partirá primeramente de un presupuesto Teogastronómico-bíblico y de nuestra Regla de Vida. La frase inspiradora del Buen Padre nos conducirá, ya que es el eje temático de fondo. Como se trata de una perspectiva capaz nueva, no pasa de ser un planteo con una intensión de ser una herramienta que nos ayude a Saborear a Dios desde nuestra vida eucarística-reparadora concretizada en el relacionamiento sano con uno mismo y consecuentemente para el otro.
            En un primer momento podemos tener claro la idea de Gastronomía en tres niveles, una búsqueda del placer alrededor de la mesa sería de un ámbito de gratuidad y alegría; un saber ordenado de sabores para la construcción del placer en la mesa, correspondiente al ámbito más reflexivo y por último perteneciente a un nivel más revelador, una interrogación gastronómica (etimológicamente hablando) donde se manifiesta las normas de las entrañas, o sea, valores, desordenes y preferencias de cada persona y cada grupo social. Al mismo tiempo podemos tener en cuenta los varios elementos que circunda a la actividad gastronómica: el cocinero, los ingredientes, herramientas y el saber. La definición hecha sirve de base para dislocarnos metafóricamente a lo bíblico donde lo central es la comensalía
            La categoría alimentar atraviesa toda la Biblia y está muy presente ya desde el A.T, en el relato del Primer mandato de Dios para con Adán y Eva en el jardín; en la promesa de la Tierra prometida con su abundancia alimenticia y el pasaje del Mar Rojo que culmina en el regocijarse y comer delante de Dios (TOLENTINO. A leitura infinita, p. 163). Ya en el N.T vemos cómo Jesús se mueve en esta misma plataforma; con la Mujer pecadora o con los Discípulos de Emaús. Igualmente, grandes lecciones que guían nuestra vida están relacionadas al banquete; Mt 5,13; Lc13,20-21; Lc14,13-14.
            Una vez colocados dichos presupuestos podremos centrarnos en algunos aspectos de nuestro carisma Sagrados Corazones, la Eucaristía. Una dimensión que nos lleva a una hospitalidad radical. Sabemos que nuestros Fundadores tenían un especial cuidado con la fraternidad y el espíritu de familia desde el comienzo de nuestra congregación: ‘’Que no haya sino un solo corazón y una sola alma en mi pequeña familia’’ (B.P). Claramente esto podemos asociar con el Banquete Eucarístico que celebramos donde en la diversidad nos hacemos uno, en lo fragmentado somos uno.
A partir de los cuatro verbos eucarísticos [Tomar, Dar gracias, Partir y Dar] son los motores primarios que nos llevan a una vida reflejada en los pensamientos y actitudes de Cristo. Al mismo tiempo tenemos la tarea de ser alimentos uno del otro, pues todo el tiempo estamos experimentando en nuestras cotidianeidades las dimensiones de estos cuatro verbos, quedando como primera tarea de que el paso de una acción a la otra sea de forma sana, dando lo mejor de sí, siendo alimento sano que dé vida. Varios de nosotros alguna vez ya fue abordado por personas de ‘’afuera’’, amigos, familiares, feligresía que apunta nuestro espíritu de familia como algo que resalta en nuestras relaciones como hermanos, como hijos de los Sagrados Corazones. Un espíritu que brota de un encuentro personal con Jesús, un espíritu que nos lleva a construir relaciones sanas con quienes compartimos.


Cuando Jesús aparece a los suyos muchas veces lo hace en torno a una comida. Por ejemplo, es reconocido en la fracción del Pan (Lc 24, 13-35) un encuentro que emerge sentimientos reconfortantes y performativos. Así también, aunque muchas veces pensamos que no lo vivimos, nuestra dimensión fraternal nace desde un encuentro eucarístico que nos debe llevar a un pasaje Pascual de la muerte a la vida, de lo antiguo a lo nuevo, de lo monótono a lo creativo. Como dice Tolentino: ‘’Nos alimentamos los unos a los otros. Somos uno para el otro, en la escucha, en la palabra, en el silencio y en la sonrisa, en el don y en el afecto, un alimento necesario, pues es de la vida que nuestras vidas se alimentan’’ (TOLENTINO MENDOÇA. Pai-nosso que estais na Terra, pp. 107-108). Uno de nuestros pilares como religiosos de los Sagrados Corazones justamente está en esta dimensión (Misión) explicitada en nuestra Regla de Vida en el Cuarto capítulo.
Seamos fieles a aquello que nos pide nuestro Fundador: ¡Saboreemos! Para saborear debemos hacer pausa, existe un proceso, debemos sabes escoger los ingredientes para nuestro plato final, debemos discernir, debemos ser sabios en la mezcla, también saber apreciar, para eso tocará hacer ayunos. En nuestra misión de ser alimento para el otro debemos procurar ‘’ser para el otro’’ de la mejor manera, ser excelentes con el don que Dios nos dio. Nuestra primera tarea es en relación con Dios de donde emerge lo performativo para hacer de nuestras relaciones interpersonales igual a la vivida con Él. Todo este ejercicio es en vista al Banquete definitivo, donde nos espera el comensal por excelencia.

“Taste God on the path of life"
Good Father.

The Sacred Hearts fraternity as an extension of the Eucharistic life
from a theogastronomic point of view.

Samuel Silvero sscc, is a religious in initial formation. He currently lives in Belo Horizonte (Brazil), where he is completing his last year of Theology at the Jesuit School of Philosophy and Theology and his second year at the Brazilian Sign Language Interpreter Course. As well as his theological studies, he helps coordinate the Catechism at the Sanctuary of Health and Peace (Blessed Eustaquio), a parish of the Sacred Hearts, as well as supporting the pastoral care of the Deaf.

SUMMARY: Flowing from our Eucharistic-reparative spirituality, we give great value to one aspect of being an SS.CC. religious that undoubtedly characterizes us: the family spirit and fraternity, something that our founder stressed as important to our lives as religious. Keeping in focus our Eucharistic life, this paper has the intention of giving a theogastronomic perspective to our way of living as SSCC, our call to give ourselves, like Jesus, totally to the other, without fear and without measure. 
The journey we will make will attempt to outline an aspect of Sacred Hearts identity; our family spirit that is reflected in our fraternal relationships. This itinerary is based on a Theogastronomic-Biblical presupposition and our Rule of Life. The inspiring phrase of the Good Father can lead us, since it is the fundamental thematic axis. Given that this is a question of a new and viable perspective, it is hoped that this can be a tool to help us to savor God in our Eucharistic-reparative life, a life that is concretized in a healthy relationship with oneself and consequently with the other.
At first we can have a clear idea of Gastronomy at three levels, a search for pleasure around the table as a place of gratuity and joy; an orderly knowledge of flavours that builds pleasure around the table that in turn leads to more reflection and revelation; finally, being part of a deeper revealing - a gastro-nomic questioning (etymologically speaking) where gut rules are manifested, that is, values, disorders and preferences of each person and each social group. At the same time we can take into account the various elements that constitute the gastronomic activity: the cook, the ingredients, tools and knowledge. The definition is used as a basis for metaphorically bring us to the bible where what is central is the table-fellowship. 
The category of feeding is found throughout the entire Bible and is already very present in the OT in the story of the first commandment of God to Adam and Eve in the garden; in the promise of the Promised Land with its abundance of food and in the passage of the Red Sea that culminates in the rejoicing and eating before God (Tolentino, A leitura infinita, p. 163). Already in the N.T. we see how Jesus moves on this same platform; with the sinful Woman or with the Disciples of Emmaus. Likewise, great lessons that guide our life are related to the banquet; Mt 5:13; Lk 13:20-21; Lk 14:13-14.
Having these presuppositions in place we can focus on some aspects of our Sacred Hearts charism, the Eucharist. This is a dimension that leads us to radical hospitality. We know that our Founders had a special concern for fraternity and family spirit from the beginning of our Congregation: "May there be but one heart and one soul in my little family" (B.P.). Clearly this can be associated with the Eucharistic Banquet that we celebrate, where in diversity we become one, and in what is fragmented we are one.

The four Eucharistic verbs [Take, Give, Break and Give] are the primary movers that lead us to a life that reflects the thoughts and attitudes of Christ. At the same time we have the task of being food for each other, all the time experiencing in our daily lives each of these four verbs, ensuring that the movement from one action to another is done in a healthy manner, seeking to give the best of oneself, to be healthy food that gives life. We are often approached by people from "outside", friends, relatives, parishioners who point out our family spirit as something that stands out in our relationships as brothers and sisters, as children of the Sacred Hearts. A spirit that springs from a personal encounter with Jesus, a spirit that leads us to build healthy relationships with those we share.
When Jesus appears to his own, he often does so around a meal. For example, he is recognized in the bread broken (Lk 24:13-35) an encounter that engenders feelings of comfort and performativity.
In the same way, although we often think that we do not live it, our fraternal dimension is born out of a Eucharistic encounter that should lead us to a Paschal passage from death to life, from the old to the new, from the monotonous to the creative. As Tolentino says: "We feed each other. We are for each other, in listening, in speaking, in silence and in smile, in gift and in affection, a necessary nourishment, for it is from life that our lives are nourished'' (Tolentino Mendoça, Pai-nosso que estasis na Terra, pp. 107-108). One of our pillars as religious of the Sacred Hearts is precisely in this area (Mission) which is made explicit in the 4th Chapter of our Rule of Life.
 Let us be faithful to what our Founder asks of us: Let us savour! In order to savour we must pause, there is a process, we must know how to choose the ingredients for our final course, we must discern, we must be wise in the mix, we must also know how to appreciate, in order that we become “tasty”. To complete our mission to be food for the other we must "be for the other" in the best way we can, excelling with the gift that God has given us. Our first task is to be in relationship with God, from where emerges the skills to make our interpersonal relationships equal to the one we live with Him. This whole exercise is in view of the definitive Banquet, where table-fellowship par excellence awaits us.

"Goûter Dieu sur le chemin de la vie"
 Bon Père.
La fraternité des Sacrés Cœurs comme prolongement de la vie eucharistique
 d'un point de vue théogastronomique.

Samuel Silvero sscc, religieux en formation initiale. Il vit actuellement à Belo Horizonte (Brésil), où il étudie la dernière année de théologie à la Faculté Jésuite de philosophie et de théologie et la deuxième année du cours d'interprète en langage des signes brésiliens. Parallèlement à ses études de théologie, il contribue à la coordination du secteur catéchétique du Sanctuaire de la Santé et de la Paix (Père Eustache), une paroisse des Sacrés Cœurs, ainsi qu'au soutien de la Pastorale des Sourds.
RÉSUMÉ : En partant de notre dimension de réparation eucharistique, nous avons donné une grande valeur à un aspect de l'être religieux SS.CC qui nous caractérise sans aucun doute : l'esprit de famille et l'être fraternel. En mettant l'accent sur notre vie eucharistique, le présent texte a l'intention de donner une perspective théogastronomique à notre façon de vivre en tant que SS.CC.
Le voyage que nous allons faire est une tentative d'esquisser un aspect de l'identité Sacrés Cœurs ; notre esprit de famille qui se reflète dans nos relations fraternelles. Cet itinéraire partira tout d'abord d'un présupposé théogastronomique-biblique et de notre Règle de vie. La phrase inspirante du Bon Père nous guidera, puisqu'elle est l'axe thématique fondamental. Comme il s'agit d'une perspective nouvelle et capable, elle ne passe pas du statut de proposition à celui d'outil qui nous aide à savourer Dieu à partir de notre vie eucharistique réparatrice concrétisée dans une relation saine avec soi-même et par conséquent pour l'autre.
On peut d'abord se faire une idée claire de la Gastronomie sur trois niveaux, la recherche du plaisir autour de la table serait un champ de gratuité et de joie ; une connaissance ordonnée des saveurs pour la construction du plaisir à table, correspondant au niveau le plus réfléchi et appartenant finalement à un niveau plus révélateur, un interrogatoire gastro-nomique (étymologiquement parlant) où se manifestent les règles des entrailles, c'est-à-dire les valeurs, les troubles et les préférences de chaque personne et de chaque groupe social. En même temps, nous pouvons prendre en compte les différents éléments qui circonscrivent l'activité gastronomique : le cuisinier, les ingrédients, les outils et les connaissances. La définition faite sert de base pour nous déplacer métaphoriquement vers le biblique où la chose centrale est le restaurant. 
La catégorie des aliments traverse toute la Bible et est très présente depuis l'A.T., dans l'histoire du Premier Commandement de Dieu à Adam et Eve dans le jardin ; dans la promesse de la Terre Promise avec son abondance de nourriture et le passage de la Mer Rouge qui culmine dans la réjouissance et le manger devant Dieu (TOLENTINE. A la lecture infinie, p. 163). Déjà dans le N.T., nous voyons comment Jésus se déplace sur cette même plate-forme ; avec la Femme pécheresse ou avec les Disciples d'Emmaüs. De même, les grandes leçons qui guident notre vie sont liées au banquet ; Mt 5,13 ; Lc 13,20-21 ; Lc 14,13-14.
Une fois ces hypothèses en place, nous pouvons nous concentrer sur certains aspects de notre charisme Sacrés Cœurs, l'Eucharistie. Une dimension qui nous conduit à une hospitalité radicale. Nous savons que nos Fondateurs ont eu un souci particulier de la fraternité et de l'esprit de famille dès le début de notre Congrégation : "Qu'il n'y ait qu'un seul cœur et une seule âme dans ma petite famille" (B.P.). Il est clair que cela peut être associé au banquet eucharistique que nous célébrons lorsque, dans la diversité, nous devenons un, dans ce qui est fragmenté, nous sommes un.
Les quatre verbes eucharistiques [prendre, donner, rompre et donner] sont les principaux moteurs qui nous conduisent à une vie qui se reflète dans les pensées et les attitudes du Christ. En même temps, nous avons la tâche d'être la nourriture de l'autre, car nous vivons tout le temps dans notre vie quotidienne les dimensions de ces quatre verbes, laissant comme première tâche que le passage d'une action à l'autre soit de manière saine, en donnant le meilleur de soi-même, en étant une nourriture saine qui donne la vie. Plusieurs d'entre nous ont déjà été approchés par des personnes "de l'extérieur", des amis, des parents, des paroissiens qui soulignent notre esprit de famille comme quelque chose qui ressort dans nos relations en tant que frères et sœurs, en tant qu'enfants des Sacrés Cœurs. Un esprit qui naît d'une rencontre personnelle avec Jésus, un esprit qui nous conduit à construire des relations saines avec ceux que nous partageons.
Lorsque Jésus apparaît aux yeux des siens, il le fait souvent autour d'un repas. Par exemple, il est reconnu dans la faction du Pain (Lc 24, 13-35) une rencontre qui fait émerger des sentiments réconfortants et performatifs. De même, bien que nous pensions souvent ne pas la vivre, notre dimension fraternelle naît d'une rencontre eucharistique qui doit nous conduire à un passage pascal de la mort à la vie, de l'ancien au nouveau, du monotone au créatif. Comme le dit Tolentino : "Nous nous nourrissons les uns les autres. Nous sommes pour l'autre, dans l'écoute, dans la parole, dans le silence et dans le sourire, dans le don et dans l'affection, une nourriture nécessaire, car c'est de la vie que se nourrit notre vie" (TOLENTINO MENDOÇA. Pai-nosso que estasis na Terra, pp. 107-108). Un de nos piliers en tant que religieux des Sacrés Cœurs se trouve précisément dans cette dimension (Mission) rendue explicite dans notre Règle de vie au quatrième chapitre.

Soyons fidèles à ce que notre Fondateur nous demande : Faites-nous savoir ! Pour goûter, il faut faire une pause, il y a un processus, il faut savoir choisir les ingrédients de notre plat final, il faut discerner, il faut être sage dans le mélange, il faut aussi savoir apprécier, et pour cela il faut faire de l'ail. Dans notre mission de nourriture pour l'autre, nous devons essayer d'"être pour l'autre" de la meilleure façon possible, d'être excellents avec le don que Dieu nous a fait. Notre première tâche est en relation avec Dieu, d'où émerge le performatif pour rendre nos relations interpersonnelles égales à celle vécue avec Lui. Tout cet exercice se fait en vue du Banquet définitif, où le dîner par excellence nous attend.



Saturday, February 22, 2020

Pensando en educadores Sagrados Corazones en este tiempo


Por Matías Valenzuela sscc (Chile)


20171007_174645
  • Siguiendo a Jesús junto con María
El centro de la espiritualidad de los Sagrados Corazones es Jesús. En realidad, podríamos decir que él es el centro de cualquier camino de espiritualidad cristiana, pero en el caso nuestro ello se concreta en la búsqueda de sintonizar con los sentimientos, las opciones y las actitudes profundas de Jesús. Por ello decimos que estamos llamados a entrar en su corazón al modo como lo plantea la carta a los Filipenses de San Pablo cuando invita a sus hermanos en la fe a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Filipenses 2,1-11).
A lo largo de la historia de nuestra Congregación esto se ha dicho de diversas maneras. En primer lugar tal como lo afirmaron nuestros fundadores, Pedro Coudrin y Enriqueta Aymer, se expresó a través de la consagración a los sagrados corazones de Jesús y de María, que implica una pertenencia a ellos, entrando en el dinamismo de su amor a Dios y por toda la humanidad. Aquí María aparece asociada a la misión de Jesús, ella es su primera discípula y nosotros estamos llamados a caminar con ella y como ella en el seguimiento de su hijo Jesús.
Posteriormente, en la revisión post conciliar que implicó una nueva redacción de las constituciones, la manera de expresar esta centralidad de Jesús fue la siguiente. Se dijo que nuestra vocación y misión es: contemplar, vivir y anunciar el amor de Dios encarnado en Jesús. Aquí se destaca el amor de Dios, pero sin separarlo de Jesús quien lo encarna, lo anuncia y transmite a todos a través de la entrega definitiva de su vida. Un valor adicional de la renovación del Vaticano II es que volviendo a las fuentes, entre ellas las Escrituras, hace reconocer que ese amor de Dios encarnado en Jesús no se reduce al misterio redentor de la Cruz y la Resurrección, sino que abarca todo el camino del Hijo de Dios que se hace uno de nosotros a través de la encarnación y luego pasa por este mundo haciendo el bien (Hechos 10,38) con un determinado modo de ser y de vivir; que aquellos que nos hemos sentido llamados a seguirlo debemos conocer y hacer nuestro.
Esta espiritualidad tiene mucho que ver con la dimensión afectiva de la vida y, a la vez, con el centro profundo de cada uno, con nuestra interioridad. No por nada podemos ser llamados corazonistas. Ya que la comunión con el Señor está llamada a ser muy íntima. Por ello mismo, una de las prácticas principales de nuestra tradición es la adoración que nos sitúa junto a Jesús, prolongando la eucaristía, las más de las veces en silencio, queriendo conectarnos desde lo más hondo de nosotros mismos con Él. Allí Jesús se relaciona con su Padre en comunión con el Espíritu Santo penetrando en un misterio de diálogo, de escucha, de silencio y de amor donde toda la realidad es acogida e iluminada. Estamos llamados a ser hombres y mujeres de corazón, conectados interiormente con nosotros mismos y desde ahí abiertos a los demás y en especial al Señor.
20171008_085352
  • Reparando en las brechas, adorando y caminando con nuestro Pueblo
El número dos de las Constituciones de la Congregación de los Sagrados Corazones se inicia con las siguientes palabras: “Conscientes del poder del mal que se opone al amor del Padre y desfigura su designio sobre el mundo, queremos identificarnos con la actitud y obra reparadora de Jesús”.
Es un texto denso que plantea una de las ideas matrices de nuestra espiritualidad desde sus orígenes. Se trata de la fuerza destructora del pecado que amenaza permanentemente la obra de Dios, la vida de la humanidad y el pueblo de Dios, la casa común y la entera creación. El texto invita a una mirada lúcida, atenta, sin ingenuidades, consciente de las heridas personales y sociales, de sus causas y consecuencias, de las fuerzas que ejercen violencia contra el reino de Dios (“el  reino de Dios sufre violencia”, Mateo 11,12). A esto se opone tanto la ceguera como la indiferencia.
Frente a ese mal y a esa violencia, nosotros estamos llamados a “a vivir el dinamismo del amor salvador” (Constituciones 2) y dejarnos embargar de celo por la misión. Esa misión es la de Jesús, que ha venido a traer vida y vida en abundancia (cf. Juan 10,10), asumiendo sobre sí el peso de nuestros pecados, haciéndose solidario de nuestros padecimientos, hasta la entrega completa de su sangre en la Cruz. La fractura que produce nuestro pecado es reparada por Jesús sellando una alianza nueva y definitiva que restaura la unión con Dios y con toda la humanidad. El misterio de la redención es un misterio de unidad y de amor, que conjuga la misericordia, la justicia y la paz.
Desde los inicios nuestros fundadores quisieron entrar en este camino de reparación de todo aquello que atentaba contra el dinamismo del amor. Pensémoslos a ellos en el contexto de la Revolución Francesa en la que se atacó fuertemente a la Iglesia Católica y a la fe. Hoy, para nosotros, hijos e hijas de los Sagrados Corazones, llamados a ser conscientes y empáticos con el dolor de nuestro mundo, sigue siendo relevante esta perspectiva. Comprendiendo que quien repara e intercede por todos permanentemente es el Señor y nosotros estamos llamados a sumarnos en esa misión, prolongando su presencia en el mundo.
El camino de la reparación conduce a buscar las brechas, las fracturas, ahí donde la relación con Dios se está derrumbando (A. Toutin, La Reparación, Roma, 2016), porque es el mismo Dios quien suscita mediadores que como Jesús interceden por su pueblo, colaborando a unir lo que se había quebrado. “Hablaba [Yahveh] de exterminarlos, si no es porque Moisés, su elegido, se mantuvo en la brecha, en su presencia, para apartar el furor de destruirlos” (Salmo 106,23). Hay una ira, una indignación, que hunde sus raíces en el amor y que significa poner un límite a toda clase de abuso e idolatría, y que de algún modo está presente en el mismo Dios. Dios quiere la vida de su pueblo y de cada uno y cada una de nosotros y sabe que para ello necesitamos dejarnos amar por él. Pues cada vez que ponemos otra cosa en el centro de la vida, en el lugar de Él, caemos en un inevitable vacío auto-destructor.
Para empatizar con esta realidad y poder colaborar en su redención/sanación es necesario profundizar en los sentimientos de Jesús y a la vez caminar diariamente con nuestro Pueblo. Los educadores Sagrados Corazones están llamados a unirse al dinamismo del amor de Jesús a través de la adoración reparadora y a través del ejercicio de su propia vocación. Colaborando así en la comunión con todo el pueblo de Dios y ofreciendo su entrega por todo aquello que el Señor quiere sanar, liberar y redimir. Lo cual supone, de manera ineludible, estar cerca y empatizar con lo que ocurre a nuestros hermanos y a nuestro pueblo. Tal como lo expresa poéticamente nuestro hermano Esteban Gumucio: “No, no es desde mi ventana donde puedo escrutar los signos de tu venida hoy. Es al caminar al interior de lo que cada día le pasa a mi hermano y me pasa a mí; le pasa a mi pueblo y me pasa a mí” (cf. Esteban Gumucio, Cartas a Jesús, Santiago, 2014).
La identificación con la actitud y la obra reparadora de Jesús se lleva a cabo adorando y caminando, construyendo y renovando, en silencio ante el Señor y en el trabajo diario; como maestros, amigos, integrantes de una familia, vecinos, condiscípulos, docentes y compañeros.
20171008_085527
  • En comunión con toda la Iglesia, discernimos la voluntad de Dios, en vistas de la misión.
“La disponibilidad para las necesidades y urgencias de la Iglesia, discernidas a la luz del Espíritu, así como la capacidad de adaptación a las circunstancias y acontecimientos, son rasgos heredados de nuestros Fundadores” (Constituciones 6).
Los Sagrados Corazones estamos llamados a ser hombres y mujeres de Iglesia, siempre al servicio de la misión que Jesús le encomendó a la Iglesia en su conjunto. Por ello, disponibles y atentos a lo que las iglesias locales puedan ir requiriendo. Jamás encerrados en una burbuja aparte. Aunque tengamos una identidad propia y acentos específicos que aportar del evangelio. En este sentido, debemos reconocer que al interior de nuestra Iglesia hay una gran diversidad de carismas y de modos de vivir el Evangelio, que en ocasiones incluso aparecen como contradictorios. Ello no debe atemorizarnos ni aislarnos, sino que debe invitarnos a ensanchar la mirada y el corazón a fin de posibilitar una comunión más amplia, incluso en medio del disenso, es decir, donde no necesariamente estemos de acuerdo en todo.
El Papa Francisco ha dicho que es el Espíritu Santo quien posibilita la unidad en la Iglesia, pero una unidad que no es uniformidad, sino que es armonía, como en la música polifónica en la que se ensamblan diversas notas e instrumentos permitiendo la unidad en la diversidad. A ello estamos llamados activamente: a ser constructores de comunión, como en la eucaristía, donde nos encontramos personas muy distintas en torno a la mesa de Jesús conmemorando su entrega y a la vez acogiendo con alegría la buena noticia del Reino. Ahí, en la mayor diversidad, cada uno acude como respuesta a un llamado, dejándose amar, sanar y salvar y desde ahí; uniéndose a todos los que han querido escuchar ese mismo llamado. Cada uno por su propio camino y todos a la vez, pecadores perdonados.
Hoy, más que nunca, estamos llamados a formar una Iglesia sinodal, donde caminemos juntos y entre todos la construyamos. La responsabilidad de la Iglesia es de todos los bautizados y de todos los hombres y mujeres que de algún modo se han sentido tocados por la mirada de Jesús, que propone un camino-con-otros y un ser-para-los-demás. En esta Iglesia del siglo XXI no puede haber cristianos de primera y segunda categoría; sino que todos estamos llamados a discernir juntos la voluntad de Dios, aportando y respetando el carisma, el ministerio y el estado de vida al que hayamos sido llamados y que hemos abrazado desde la igualdad fundamental de todos los bautizados.
En este camino el anuncio del Evangelio, de la Buena Noticia del Reino de Dios que llega a nosotros a través del rostro de Jesús y cuyos primeros destinatarios son los pobres y los que sufren, es un aspecto ineludible de nuestra misión. Una comunidad educativa que no responda a la urgencia de la evangelización estará olvidando la razón fundamental para la cual fue creada. Esto implica anunciar a Jesús, a tiempo y a destiempo, de palabra y mucho más con nuestras opciones y gestos, es decir, con nuestro testimonio. Incluso más, cuando invitamos a nuestros jóvenes a elegir su vocación de cara a las necesidades de nuestro mundo y escuchando aquello que late en lo hondo del corazón humano, ahí también estamos ofreciendo un rol evangelizador y estamos siendo Buena Noticia para los pobres.
El discernimiento es siempre para tomar una decisión de cara a la misión que se nos ha confiado, para definir hacia dónde y cómo nos impulsa el Espíritu, a fin de anunciar el Amor. La docencia también es una vocación, que se enmarca en el amplio espectro de la vocación cristiana y se une a la misión de toda la Iglesia. Desde esa particular relación educador-alumno en el contexto de una comunidad educativa. Tiene un sentido propio, una belleza específica y una gran responsabilidad. Cada comunidad y cada docente también deberán discernir esos modos y esos caminos para ser fieles aquí y ahora, al llamado que el Señor les ha hecho.
Hoy esto es un mandato irrenunciable, ya que estamos en un cambio de época, donde surgen nuevos paradigmas que influyen en el modo de ser personas y de habitar en el mundo. Estos cambios, que nos confunden e inquietan, exigen mucho diálogo y, sobre todo, una escucha atenta de la realidad. Sin temores, sino con la confianza recia en la ternura providente de Dios. Él, que sabe todo, y no deja de cuidarnos jamás, es el fundamento, la roca firme de nuestro camino. Es una marcha en tanteo, donde la oscuridad es oportunidad para buscar la luz y mantenerla encendida en el corazón.
Es muy hermoso reconocer que nuestra Iglesia desde sus orígenes, como lo muestra el capítulo 15 del libro de los Hechos, ha discernido lo que el Espíritu quiere para la comunidad en tiempos de cambio y donde la intención es que la salvación alcance a todos no imponiendo más cargas que las esenciales en sintonía con el querer del Señor.
20180623_180251
  • Desarrollando ciertas habilidades pedagógicas y de gestión
  • Cultivar el sentido de Iglesia y de Congregación, desde la pertenencia a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
  • Educar en el silencio y en la escucha del corazón.
  • Educar en la práctica de la adoración reparadora, uniéndose a Jesús en su presencia eucarística y con Él al Padre y a toda la humanidad.
  • Educar en la lectura, reflexión e iluminación de la Palabra de Dios.
  • Educar en la relevancia de los ritos y de los símbolos, y particularmente de los sacramentos, que nos conectan con lo esencial.
  • Educar en la capacidad de decidir, y de hacerse responsable de las propias elecciones y sus consecuencias.
  • Introducir en el camino de la oración y especialmente de la adoración. La oración entendida como encuentro, como diálogo y como silencio que trae paz al corazón.
  • Formar en la opción preferencial por los más pobres, comprendida como una opción de amor y como una opción no excluyente, que persigue la construcción de un mundo más justo para todos. La cual implica también el contacto personal y la valoración y el respeto profundo por el rostro del otro, de todo otro.
  • Educar en el compromiso social y político, reflexionando la relación entre fe y política, así como la dimensión ecológica del cristianismo.
  • Educar en la construcción de comunidad, de vínculos de respeto y de fraternidad, de sentido de pertenencia.
  • Educar el espíritu de familia y la vocación a la alegría del amor que incluye la posibilidad del matrimonio y de los hijos, como camino de compromiso y entrega, como una verdadera vocación.
  • Formar para la misión, para ser Iglesia en salida, que va al encuentro de los que están alejados tal como lo hizo María en la Visitación.
  • Educar la dimensión científica, el método, la experimentación, admirando los aportes del desarrollo tecnológico y a la vez reflexionando los criterios necesarios para que esos avances estén al servicio de una vida más humana y digna para todos, en comunión con toda la creación.
  • Educar la dimensión artística, en la música, la danza, las artes visuales y las artes plásticas, conectando con la belleza y con la capacidad creativa de todo ser humano, donde también se hace presente la chispa divina. En este ámbito tiene mucho sentido sintonizar con las expresiones y las raíces culturales de cada pueblo, alimentando el sentido de pertenencia y el amor por las tradiciones que han dado vida a ese pueblo.
  • Educar en lo deportivo y en todo lo que tiene relación con la corporalidad, a través de la sana competencia y también a través del contacto con la naturaleza, en el excursionismo, el senderismo, la caminata y todo lo que permita un sano equilibrio de mente y cuerpo.
  • Educar en el sentido de pertenencia al propio territorio. Conociendo la historia de la propia tierra y sus símbolos, valorando sus espacios públicos, su arquitectura y descubriendo también sus desigualdades y heridas que requieren miradas de futuro en vistas de una vida mejor para todos.
  • La dimensión internacional de la Congregación invita a educar en la apertura a todos los pueblos y a ser especialmente acogedor con los inmigrantes, invitándolos a sentirse en casa.
  • “Para que el reinado de Dios se haga presente, buscamos la transformación del corazón humano” (Constituciones 6). Esto implica un trabajo muy personalizado y educarnos en el acompañamiento de procesos de vida y de fe, con finura, respeto y generosidad.
  • Educarnos en el ámbito de las emociones. Aprender a reconocerlas y expresarlas, respetuosa y asertivamente. Aprendiendo a gestionar las emociones negativas y a desarrollar las positivas. Haciéndonos capaces de contener y acompañar a otros en su crecimiento, maduración y transformaciones.
  • Los hermanos y hermanas de nuestra familia religiosa constituyen una sola Congregación. Esto nos conecta con el desafío de la igualdad entre varones y mujeres, reconociendo que somos diversos y complementarios.
  • Desde sus orígenes la Congregación tiene una rama secular. Sus miembros se comprometen a vivir la misión y el espíritu de la Congregación. Esto hace referencia a la pertenencia a la Congregación desde la condición de laicos.
  • Educarnos en una gestión que sea eficiente, con buenos niveles de comunicación y de transparencia, con capacidad de dialogar los temas antes de tomar las decisiones. Esforzándonos por no someter a las personas a un estrés que les haga daño sino que simplificando y priorizando el uso del tiempo y las tareas.
  • Generar las condiciones de trabajo que permitan la evaluación de los procesos y la expresión de lo que se puede mejorar.
  • Valorar la gratuidad, el tiempo del encuentro y la fiesta.
 Estas líneas han sido conversadas con algunos educadores que me han ayudado a complementarlas y pulirlas. Han sido escritas con mucho cariño y respeto por todos los que ejercen la vocación docente cada día. También se nutren del amor por el carisma de los Sagrados Corazones que se nos ha regalado y que puede seguir aportando a la vida de nuestra Iglesia y de nuestro Pueblo. Sabiendo que este es un tiempo exigente y que el camino se recorre paso a paso, partiendo desde el punto en que cada uno esté y acompañándonos mucho.
20171007_174622

Wednesday, February 12, 2020

Asian Ministry Seminar 2020




By Sujata Jena, SS.CC.


GOPALPUR, India, Feb 11, 2020: As many as 35 Brothers and Sisters (delegates) from Indonesia, Japan, Philippines, Singapore, India and French-Polynesia gathered at Gopalpur, India from February 5-11 for the Asian Ministry Seminar 2020.
 Members of General Government Sr. Margareta Claudia and Fr. Derek Laveely, Superior Delegate of the Sisters in Pacific-Asia Zone, Sr. Irene Barboza were also present along with CAP superior Fr. Bonie Payong. 

Thursday, February 6, 2020

Évêque / Obispo / Bishop Sergio Pérez de Arce sscc



Sergio Pérez de Arce: “Soy pequeño para cumplir la misión”
Durante la mañana del 5 de febrero, el nuevo obispo electo de la Diócesis de San Bartolomé de Chillán, padre Sergio Pérez de Arce sscc, sostuvo varias actividades, entre ellas, un encuentro con los medios de comunicación de la región. En la oportunidad, el padre Sergio Pérez de Arce dijo que “lo positivo es que ya tengo la experiencia de este año y cuatro meses como administrador apostólico. Lo que cambia ahora es que este servicio ahora se plantea con proyección de varios años. Además, el ser obispo tiene un sentido sacramental para la Iglesia porque estamos llamados a ser pastores a semejanza de Jesús. Tiene un valor de signo, porque las atribuciones siguen siendo casi las mismas. Para mí personalmente significa una nueva disponibilidad a lo que el Señor quiere. Me hice sacerdote para servir a mis hermanos y ahora me toca hacer esta tarea, como soy, con sencillez y sin muchos honores. Quiero que la gente pueda contar conmigo”, invitó.

Thursday, January 30, 2020

Eco-Spirituality / Eco-Espiritualidad / L'Éco-Spiritualité



ECO-SPIRITUALITY
Suraj Kumar Sonwani sscc (India),
second year of theology student

But ask the animals, and they will teach you, the birds of the air, and they will tell you; ask the plants of the earth and they will teach; and fish of the sea will declare to you, who among all these does not know that the hand of the Lord has done this? In his hands are the life of every living things and the breath of every human being.” (Job. 11:7-10)