Friday, December 11, 2015

¡Un llamado a las armas de Jesucristo! 

Appel pour lutter avec les armes de Jésus Christ  

A Call to the Arms of Jesus Christ!


David P. Reid sscc

En la mañana del 23 de noviembre, me levanté temprano. Tuve la hora de adoración nocturna de 4 a 5, por el aniversario del nacimiento a la Vida de la Buena Madre. En una silla en la capilla (de la Casa General) había un folleto de oración para ayudar a la Adoración. El título era "Contemplar la realidad", y afirmaba que Henriette era, por lo menos, una realista. La noche anterior había leído una serie de artículos del New York Times sobre los sobrevivientes del Califato, el Daesh, o como decimos en Occidente, ISIS. Los artículos tenían una buena base de investigación, fundados en testimonios de primera mano. Cuanto más creíbles, más tristes y preocupantes. En verdad preocupante, ya sea para cristianos o musulmanes o para cualquier persona con un corazón humano. 

Estas historias muestran la hipocresía absoluta del ISIS. Los que en el califato están en el escalón superior disfrutan de las cosas de Occidente, mientras que supuestamente luchan contra Occidente; imponen castigos bárbaros sobre el pueblo de Raqqa y, en nombre del apoyo a los guerreros, regentan el equivalente a burdeles. Muchos jóvenes se sienten atraídos; pero son los que vienen de Occidente los que por un algún tiempo, al menos en la primera llegada, son agasajados, en detrimento de sus compañeros que proceden de la zona. La ira y de hecho el idealismo de los jóvenes se ven frustrados de tal manera que el joven finalmente quiere abandonar pero no encuentra salida. Todo esto deja a su paso la impresión de que el terrorista suicida podría haber encontrado una manera honorable de salir de una situación terrible a la que se le había llevado falsamente. Me acuerdo de una historia contada por la madre de un terrorista suicida que eligió ser autodestructivo pero de manera tal que no matase a nadie. Ella dijo que él lo quería de esa manera. Esta es la realidad a llevar a la oración.


La realidad, la oración y ¿luego qué? ¡Acción! Al reflexionar durante ese tiempo de adoración me pregunté ¿qué podemos hacer? ¿Qué puedo hacer? Había estado la semana anterior en un taller sobre justicia social, repitiendo el modelo de Juan XXIII: ver, juzgar actuar. Vi todo lo que necesitaba saber para actuar. Soy responsable de todo eso. Puede que no lo sepa todo, pero por lo que sé, debo actuar. Bueno, y ¿quién soy yo para juzgar? No es cosa mía el condenar eternamente, pero es mi deber hacer un juicio adecuado en el ínterin. Nuestros hermanos y hermanas judíos nos dicen: “Recuerda” el Holocausto. No más silencio porque no tengamos todos los datos. Actuar. Pero ¿qué hacer? ¿Armarse? Todo el armamento de este mundo no va a resolver este desafío a la dignidad de cada ser humano. Incluso si Israel en su planificación política olvida las palabras de la Biblia con respecto a la inutilidad de las armas, nosotros como cristianos no podemos. Pero ¿qué pasa con las brasas?

¡Sí, las brasas! Me refiero a Romanos 12, 18-20. “En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con todos. Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor. Y en otra parte está escrito: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza”.

Hay aquí algunas ideas de Pablo. 
Uno, deja la ira de Dios sólo para Dios, porque él sabe cómo manejarla. La ira no es la última palabra de Dios. Deja que Dios sea Dios y deja tu dolor, tu frustración y tu ira en manos de Dios. Lo hacemos cuando participamos en la oración de Jesús dirigida al Padre: “Oh Señor, perdona a tu pueblo y no te enojes con nosotros para siempre” (la oración que rezábamos cuando nos reemplazábamos uno al otro en la adoración perpetua, parcialmente basada en Joel 2, 17). 

Dos, el mensaje del Evangelio no es el amor al prójimo, nunca lo fue. ¿Por qué? Debido a que él o ella es ya un prójimo, porque los amamos. El mensaje del Evangelio es el amor a los enemigos. Haz de tu enemigo un vecino, un prójimo; haz del "otro" un prójimo a quien amas. Entonces el mensaje de Juan 15,13 se hace evidente. "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.  Nos convertimos en amigos de Dios cuando Jesús dio su vida por amor a nosotros. 

Tres, amontonar carbones encendidos sobre su cabeza de tu enemigo. ¿Qué? Eso suena como el ISIS, con un adolescente corriendo con un Kalashnikov. Me voy a la mejor explicación que conozco. La quema de carbón es una corona de vergüenza (Biblia Portuguesa de América Latina). Avergüenza a tu enemigo. ¿Es la vergüenza más fuerte que las armas? ¿Cómo se puede avergonzar a un sinvergüenza? ¡Enfrentar vergüenza con vergüenza! Cualquier grupo que insiste en que sus llamados guerreros vayan siempre cubriéndose sus rostros ya sabe que lo que están haciendo es categóricamente vergonzante. 

Volvamos a reflexionar sobre la vergüenza que ellos se merecen. Supongamos que la mayoría de los del ISIS, los que hacen el trabajo sucio del ISIS, se avergüenzan de lo que hacen. Avergonzar al ISIS es ayudar a los muchos atrapados a encontrar la manera de salir. Ellos se sentirán comprendidos. Alguien siente la vergüenza de ser parte de esta terrible fuerza destructiva. Para los muchos que fueron ya sea engañados o forzados al servicio del llamada califato, la vergüenza, ya no oculta sino compartida con aquellos que aman, puede ser purificadora y reconstructiva. No podemos ser juntos una comunidad de renovación sin ser  primero una comunidad de vergüenza y tristeza, de confesión y de reconciliación. El moderno Oeste, que ama avergonzar para lograr publicidad, estará sorprendido de que la vergüenza puede ser semejante instrumento de renovación. Pero sí, una campaña para avergonzar al ISIS es lo que necesitamos. Los artículos en el New York Times son sólo un comienzo. Utilicemos todos los medios que tenemos para conseguir quitar del medio la historia del ISIS.


Se trata de una vergüenza medicinal, no de un juicio eterno, ni de una condena (Cf. 1 Corintios 5, 1-8). Esta es una solidaridad en el dolor de la desilusión, el dolor de descubrir que mi idealismo ha sido abusado. No una vergüenza que aísla, sino una vergüenza que nos lleva a lo mejor de nosotros mismos, al tipo de los seres humanos que realmente queremos ser. El ISIS ha aprendido la lección del adiestramiento, del llevar a las personas a abusos, haciéndolos protagonistas de su propio abuso. Todo lo que hemos aprendido en los últimos años acerca de los sistemas de pedofilia y otros abusos, vemos que juega en el reclutamiento de nuevos miembros del ISIS. Usemos los instrumentos de reclutamiento contra ellos. Pongamos las comunicaciones modernas a trabajar: ¡avergonzarlos! No se trata de una difamación, no es una calumnia; es la verdad, la verdad vergonzosa. El Islam estará agradecido por la movilización de una campaña para avergonzar al secuestro de su religión, que es usada para servir a propósitos tan absolutamente ajenos a la dignidad de toda persona genuinamente religiosa. Para nosotros SSCC, que vivimos y trabajamos junto a musulmanes en muchos de nuestros puestos de misión, la necesidad de nuestro arraigo en la oración de Jesús, dirigida al Padre por el Espíritu de amor reconciliador, es jubilosamente clara porque tenemos las armas que necesitamos

Por favor contemplar Efesios 6, 10-20. Tomo nota especialmente de los versículos 14-15: “Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz”. ¡Qué seas  escuchado a partir de hoy mismo!



Appel pour lutter avec les armes de Jésus Christ
Le matin du 23 novembre, je me suis levé tôt. J'avais pris mon tour d'adoration de nuit de 4 à 5 heures. à l’occasion de l'anniversaire de la naissance de la Bonne Mère. Sur une chaise de la Chapelle (à la maison généralice) il y avait un livret  pour aider à prier. Le titre était « Contempler la réalité » et le texte affirmait qu'Henriette avait vraiment les pieds sur terre. La nuit précédente j’avais lu une série d'articles dans le New York Times sur les survivants du califat, le Daesh, ou comme on dit dans l'Ouest, l’ISIS. Les articles étaient rédigés à partir d’une recherche sérieuse, avec  des récits de première main. Ce n’en  n’était que plus crédible et en même temps  triste et troublant. Véritablement très préoccupant, autant pour les chrétiens que pour les  musulmans ou pour toute personne de cœur.
Ces histoires démontrent  l'absolue hypocrisie d'ISIS. Ceux qui se trouvent au sommet de la hiérarchie profitent des avantages  de l'Occident, tout en luttant  soi-disant contre l'Occident ; Ils imposent des châtiments barbares aux habitants de Raqqa et par ailleurs, pour soutenir leurs combattants, ils ouvrent  des maisons closes. Beaucoup de jeunes sont attirés ; et ce sont des jeunes  qui viennent de l'Occident et à qui, dans un premier  temps au moins, on offre des divertissements, au détriment de leurs compagnons issus  de la région même. Ces  jeunes ensuite sont en colère de se voir abusés dans leur recherche d’idéal, à tel point qu’ils n’ont plus qu’une envie, quitter le pays, mais il n'y a  pas d’issue. Tout cela pour dire  que le terroriste kamikaze  ne peut plus  trouver de moyen  pour sortir d'une situation dramatique où il s’est laissé entrainer par erreur. Je me souviens d'une histoire racontée par la mère d'un terroriste kamikaze qui avait décidé  d'être son propre autodestructeur,  en essayant de ne tuer personne. Elle  disait que c’est  ainsi qu’il voulait agir. C’est toute cette  réalité qui doit être portée dans la prière.
La réalité, la prière et puis quoi ? l’action ! En réfléchissant durant ce temps d'adoration,  je me suis demandé ce que nous, nous pouvions faire ? Que pouvais-je faire ? J’avais participé  la semaine précédente  à un atelier sur la justice sociale, en reprenant  la formule de Jean XXIII : voir, juger, agir. Je me  rendis compte que, pour agir  je devais  apprendre beaucoup. Je me sens  responsable et en même temps il m’est impossible de tout savoir. Mais du moins je dois agir pour ce que je sais. D’accord, mais qui suis-je pour juger ? Il ne m’appartient pas de juger indéfiniment, mais en même temps,  il est de mon devoir de porter un juste jugement. Nos  frères et sœurs juifs nous disent: «rappelez-vous » : l'Holocauste. Ce n’est pas parce que nous ne savons pas tout,  que nous avons à  nous taire. Agir ! Mais que faire ? S’aimer ! Tout l’armement du monde ne résoudra pas le défi de sauver  la dignité de toute  personne. Même si Israël, dans sa planification politique, oublie les paroles de la Bible au sujet de l’inutilité  des armes, nous, les chrétiens nous ne pouvons pas les oublier. Mais qu’en est-il  « des charbons ardents »?
Oui, les charbons ardents ! Je fais référence à Romains 12, 18-20.
« Autant que possible, pour ce qui dépend de vous, vivez en paix avec tous les hommes.
Bien-aimés, ne vous faites pas justice vous-mêmes, mais laissez agir la colère de Dieu. Car l’Écriture dit : C’est à moi de faire justice, c’est moi qui rendrai à chacun ce qui lui revient, dit le Seigneur. Mais si ton ennemi a faim, donne-lui à manger ; s’il a soif, donne-lui à boire : en agissant ainsi, tu entasseras sur sa tête des charbons ardents. « 

Voici les pensées de Paul :
Une : laisse la colère de Dieu seulement à Dieu, parce qu'il sait, lui, comment la gérer. La colère n'est pas le dernier mot de Dieu. Laisse Dieu être Dieu et laisse ta  douleur, ta frustration et ta  colère entre les mains de Dieu. Nous nous comportons ainsi quand nous participons à la prière de Jésus adressée au Père : « Oh Seigneur, pardonne à ton peuple et ne sois  pas pour toujours en colère contre nous» (c’est la prière que nous faisons  lorsque nous nous relayons pour  assurer l’Adoration perpétuelle et  que nous trouvons dans  Joël 2, 17).
Deux : le message de l'Évangile n'est pas l'amour du prochain, cela  ne l’a jamais été. Pourquoi ? En raison du fait qu’un tel ou une telle est déjà notre prochain, puisque nous l’aimons. Le message de l'Evangile est l’amour des ennemis. Fais de ton ennemi  un voisin, un proche ; fais de « l’autre »  un prochain que tu aimes. Alors le message de Jean 15.13 devient évident. « Il n'y a pas de plus grand amour que donner la vie pour ses amis ». Nous sommes devenus amis de Dieu quand  Jésus a donné sa vie par amour pour nous.
Trois : « entasser des charbons ardents sur la tête de vos ennemis ». Qu’est-ce que cela veut dire ? Cela pourrait ressembler aux méthodes d’ISIS, avec un adolescent qui court avec une Kalachnikov. Je vous donne  la meilleure explication que je connaisse. Le charbon qui brûle c’est comme  une couronne de la honte (cf. la Bible portugaise d’Amérique latine). Elle fait honte à  votre ennemi. C’est une  honte plus forte que celle des armes ? Comment peu-t-on faire honte  à un « sans-vergogne » ? Affronter la honte avec la honte ! Un groupe qui impose  que ses  guerriers  se présentent toujours à visages couverts,  doit savoir que ce qu'ils font est complètement honteux. 
Revenons à  notre réflexion  sur la honte qu'ils méritent. Nous supposons que la plupart de ceux  de l'ISIS, ceux qui font le sale boulot d'ISIS, sont honteux  de ce qu'ils font. Faire honte à ceux de l'ISIS c’est aider ceux qui ont été trompés   à trouver un  moyen de s’en sortir. Eux  se sentiront compris. D’aucuns sentent  la honte de faire partie de cette terrible force destructrice. Pour beaucoup de ceux qui ont été trompés ou forcés à  se mettre au service du  soi-disant califat, la honte, non plus cachée, mais partagée avec des gens qui aiment, peut être purificatrice  et re-structurante. Nous ne pouvons pas être  une communauté de renouvellement sans être une communauté qui a connu  d'abord  la  honte et la tristesse, une communauté de confession et de réconciliation. L'Occident moderne, qui aime utiliser la honte  pour la publicité, s'étonnera peut-être que la honte puisse être aussi un des  instruments de renouvellement. Mais oui, il nous faut mener une campagne de  honte envers  l'ISIS. Les articles dans le New York Times n’en  sont qu'à leur début. Utilisons tous les moyens en notre possession  pour en terminer avec l'ISIS.
Il s’agit d’une honte curative, ce n’est pas un jugement définitif  ou une condamnation des coupables (cf. 1 Corinthiens 5, 1-8). Il s'agit d'une solidarité dans la douleur de la déception, la douleur de découvrir que mon sens de l’idéal a été trompé. Il ne s’agit pas  d’une honte qui isole, mais d’une honte qui peut nous conduire au meilleur de nous-mêmes, au modèle d’homme  que nous voulons être vraiment. ISIS connaît bien  les méthodes de conditionnement, pour conduire les personnes à des abus, en les  rendant acteurs de leurs propres abus. Tout ce que nous avons appris ces dernières années sur les formes de pédophilie et d'autres abus, c’est au sujet  du recrutement de nouveaux membres. Nous aussi  utilisons leurs méthodes  de recrutement pour lutter contre eux. Utilisons les moyens de communications modernes : Faisons-leur honte ! Il ne s’agit pas de diffamation, de calomnie : c’est la vérité, la vérité honteuse. L’Islam nous sera reconnaissant de mener une campagne de mobilisation pour rendre honteuse la récupération qu’ils font de la religion, afin de servir  des causes absolument étrangères à la dignité de toute personne naturellement religieuse.
Pour nous religieux des SSCC qui vivons et travaillons  auprès de musulmans en de nombreux postes de mission, la nécessité de notre enracinement dans la prière de Jésus, dirigée au Père par l’Esprit d’Amour réconciliateur est magnifiquement heureuse et claire parce que nous avons les armes dont nous avons besoin. 

Reportez-vous à Ephésiens 6, 10-20. Je souligne en particulier les versets 14-15 : « Oui, tenez bon, ayant autour des reins le ceinturon de la vérité, portant la cuirasse de la justice, les pieds chaussés de l’ardeur à annoncer l’Évangile de la paix.. » 



A Call to the Arms of Jesus Christ!

On the morning of November 23, I rose early.  I had the 4-5 watch for Night Adoration for the Anniversary of the Birth into Life of the Good Mother. On a chair in chapel (General House) there was a prayer leaflet to help with the Adoration. The title was “contemplate reality,” and claimed that Henriette was, if nothing else, a realist. I had the night before read a number of articles from the New York Times about survivors from the Caliphate that is Daesh or as we say in the West, ISIS. The articles were well researched, based on first-hand accounts and the more credible they were the more sad and disturbing. Truly troubling for either Christian or Muslim or for anyone with a human heart, these stories showed the utter hypocrisy of Isis in that the upper echelon within the caliphate enjoy the things of the West while supposedly fighting the West, imposing barbaric punishments upon the people of Raqqa and, in the name of supporting the warriors, running the equivalent of brothels. Many young people are drawn in but those from the West are for some time, at least on first arriving, pampered to the disfavor of their companions who are local. The anger and indeed the idealism of the young is thwarted into ways that the young eventually reject but cannot leave.   All this leaves in its wake the impression that the suicide bomber may have found an honorable way to get out of an awful situation into which they had been falsely led. I am reminded of a story told by the mother of a suicide bomber who chose to be self-destructive in a way that did not kill anyone else. She said that he wanted it that way.  This is the reality to bring to prayer.

Reality, prayer and then what? Action! As I reflected during that time of Adoration I asked myself what can we do? What can I do?  I had been the previous week at a workshop on social justice using the model of John XXIII: see, judge act.  I saw as much as I needed to know to act. I am responsible for that much. I may not know everything but for what I do know I must act. Well, who am I to judge? It is not mine to eternally condemn but it is my duty to make an appropriate judgement in the interim. Remember our Jewish brothers and sisters tell us, the Holocaust. No more silence because we do not have all the facts. Act. But what to do? Get armed?  All the armament of this world will not solve this challenge to the dignity of every human being. Even if Israel in its political planning should forget the words of the Bible with regard to the futility of arms, we as Christians cannot. But what about hot coals?

Yes, hot coals! I turn to Romans 12:18-20 “If it is possible, so far as it depends on you, live peaceably with all. Beloved, never avenge yourselves, but leave room for the wrath of God; for it is written, "Vengeance is mine, I will repay, says the Lord." No, "if your enemies are hungry, feed them; if they are thirsty, give them something to drink; for by doing this you will heap burning coals on their heads."” 

There are a few insights here from Paul. 
One, leave anger to God for God alone knows how to handle anger. Anger is never God’s final word. Let God be God and turn your pain, frustration and anger over to God. We do that when we participate in the prayer of Jesus addressed to the Father: Spare O Lord, spare your people and do not be angry with us forever, (the prayer we prayed when we replaced  each other on perpetual adoration, based in part on Joel 2:17).

Two, the message of the Gospel is not love of neighbor, never was. Why? Because he or she is already a neighbor because we love them. So, the message of the Gospel is love of enemies. Make of your enemy a neighbor, make of the “other” a neighbor whom you love. Then the message of John 15:13 is apparent. “No one has greater love than this, to lay down one's life for one's friends.” We became the friends of God when Jesus laid down his life out of love for us.

Three, heap burning coals on your enemy’s head. What? That sounds like Isis with a teenager running around with a Kalashnikov. I turn to the best explanation I know. The burning coal is a crown of shame, (Portuguese Bible from Latin America). Shame your enemy. Is shame stronger than guns? How can you shame the shameless? Meet shame with shame!  Any group that insists on its so-called warriors always covering their faces already knows that what they are doing is down-right shameful. Let us reflect back on them the shame they deserve. Assume that the majority of Isis, those who do the dirty work of Isis are ashamed of what they do. To shame Isis is to help the many entrapped to find their way out. They will feel understood. Someone feels the shame I know for being part of this terrible destructive force. For the many who were either fooled or forced into the service of the so-called caliphate, shame, no longer hidden but shared with those who love, can be purifying and reconstructive. We cannot be together a community of renewal without first being a community of shame and sorrow, of confession and reconciliation. The modern West, who loves to shame for the sake of publicity, will be shocked that shame can be such an instrument of renewal. But yes, a campaign of shaming Isis is what we need. The articles in the New York Times is only a beginning. Use every means we have to get the story of Isis out there.

This is a medicinal shame, not an eternal judgment, not a condemnation. (See 1 Corinthians 5:1-8) This is a solidarity in the pain of delusion, the pain of discovering that my idealism has been abused, not a shame that isolates but a shame that brings us home to our better selves, the kind of human beings we really want to be. Isis has learned the lesson of grooming, of leading people into abuse, making them the protagonists of their own abuse. All that we have learned in recent years about systems of pedophilia and other abuses, we see them played out in Isis’ recruitment of new members.  Use the instruments of recruitment against them. Put modern communications to work: shame! This is not slander, this is not calumny, this is the truth, the shameful truth. Islam will be grateful for the mobilization of a campaign of shaming the hijacking of its religion to serve purposes so utterly alien to the dignity of any genuinely religious person. For us SSCC, who live and work alongside Muslims in so many of our mission stations, the need for our rootage in the prayer of Jesus addressed to the Father for the Spirit of reconciling love is joyously clear. We have the weapons we need.

Please contemplate Ephesians 6:10-20. I note especially verses 14-15: “Stand therefore, and fasten the belt of truth around your waist, and put on the breastplate of righteousness. As shoes for your feet put on whatever will make you ready to proclaim the gospel of peace.” Be heard from today!



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