Wednesday, June 11, 2014

Bill Moore sscc: an artist and a SSCC brother and priest

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VIA CRUCIS



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Una cosa interesante sucedió durante la realización de este mini-documental sobre el Vía Crucis del Padre Bill Moore. Pedimos a todas las personas en el video que para comprometerse con la obra de arte, la miraran, se situaran ante ella, nos dijeran que ven... y que la tocasen.

"¿Qué? ¿Tocar un cuadro? "No puedo hacer eso."
"No, le prometemos que está bien", les decíamos. "Se lo preguntamos varias veces al Padre Bill. No sólo nos dio el permiso, sino que incluso alentó a hacerlo" (Lo tenemos grabado en una cámara, por si alguien pregunta si es verdad).

Pero incluso cuando se les da rienda suelta, todo el mundo se sentía incómodo tocando el arte. Una amiga nuestra en este video, un par de semanas después de la filmación, se nos acercó sólo para decir que ella todavía se sentía mal por tocar la pintura.

Esta experiencia ha dejado un impacto en nosotros (en Experiencia Brehm). Es importante que respetemos el arte. La mayoría de las piezas no se deben tocar. Pero ¿no nos deja eso sintiéndonos desconectado de la obra? ¿Y si en realidad se pudiera tocar la superficie en la que se pintó La última cena? ¿Y si se pudiera sentir los puntos de pintura de Un domingo por la tarde de Seurat? ¿Qué añadiría esta sensación para cambiar nuestra experiencia de la manera en que sentimos una obra de arte? O bien, para cambiar la forma en que nos sentimos a nosotros mismos y al artista.

En el relato del Evangelio de Juan, se invita a Tomás a tocar las llagas en el costado de Jesús. Por esta conexión sabe que este es realmente el Jesús que él siguió y que ahora se levantó de entre los muertos. Tocar las heridas de Jesús - no podemos hacerlo hoy, y sin embargo se nos dice que en un momento dado, discípulos como Tomás de hecho tocaron al Jesús vivo. ¡Qué cambio se dio con esta experiencia, no sólo en ellos, sino también en los muchos que han creído en lo que ellos han contado!

Tal vez esto es parte de la vocación de un artista ... y de un sacerdote ... y de cualquier persona que llama a Jesús su Salvador crucificado y resucitado: ofrecer a la gente oportunidades para tocar, y ser tocados, por lo Divino.

El P.Bill Moore es a la vez artista y sacerdote, descubriendo que mutuamente una cosa hace a la otra ser mejor. A través de su arte, le pide a las personas que examinan su obra, que vayan más despacio, que miren, que toquen, que consideren los colores esenciales, las formas y texturas que pueden alimentar nuestras almas. Él no cobra por su arte. En cambio, todo el dinero va directamente a su Congregación para ayudar a gente necesitada.


An interesting thing happened in the making of this mini-documentary about Father Bill Moore’s Stations of the Cross. We asked all the people in the video to engage with the art — look at it, sit with it, tell us what you see…and touch it.

“What? Touch the art?” they would say. “I can’t do that.”
“No, we promise you it’s okay,” we’d say. “We asked Father Bill multiple times.  Not only did he give permission, he actually encouraged it.” (We have it on camera if anyone asks).

But even when given free reign, everyone felt uneasy actually touching the art. One friend of ours in this video came up to us a few weeks after filming just to say she still felt bad for touching the painting.

This experience has left an impact on us at Brehm Experience. It’s important that we respect art.  Most pieces shouldn’t be touched. But doesn’t that leave us feeling disconnected from the work?
What if you could actually touch the surface that the Last Supper is painted on?  What if you could feel the dots of paint in Seurat’s A Sunday Afternoon…?  How much more would adding this sensation to our experience change the way we feel about a work of art? Or, change the way we feel about ourselves and the artist?

In John’s Gospel narrative, Thomas is invited to touch the scars in Jesus’ side. It’s by this connection that he knows this is indeed the Jesus he followed who is now raised from the dead.
Touch Jesus’ wounds — we can’t do this today, and yet we are told that at one point in time disciples like Thomas did actually touch the living Jesus.  What a change this experience had not only on them, but on the many who have believed their accounts!

Maybe this is part of the call for the artist… and for the priest… and for anyone who calls Jesus their crucified and risen savior: To offer opportunities for people to touch (and be touched by) the Divine.

Fr. Bill Moore is both an artist and a priest, finding that being each of these makes him better at the other. Through his art, he asks those that would explore it to slow down, look, touch, and consider the essential colors, shapes and textures that can feed our souls. He does not receive payments for his art. Instead, all the money goes directly to his congregation to help others in need.






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