Thursday, March 6, 2014

Realidad Mapuche; un tesoro y un desafío.


Pedro Pablo Achondo Moya, sscc
De la provincia de Chile; actualmente haciendo estudios en París, comunidad de Picpus.


En el territorio chileno el 11, 11% de la población dice pertenecer a un pueblo indígena. De este porcentaje un 84, 11% pertenece al Pueblo Mapuche, es decir, 1.442.214 personas (datos del Censo 2012). De este total, un 30% vive en la capital Santiago. Un dato no menor, pues un tercio de la población Mapuche se encuentra fuera de sus tierras ancestrales, y son catalogados como Mapuche urbano.

La historia del Pueblo Mapuche es variada y de todas maneras compleja (dinámica y con diferentes momentos). Sin embargo, es bueno saber que el Pueblo Mapuche habita y ha habitado desde el centro de Chile (Santiago) hasta el sur del país y lo mismo por el lado Argentino. Gran parte de la población Mapuche se concentra en la Región de la Araucanía, cuya capital es la ciudad de Temuco. Debido a los enfrentamientos con los españoles, primero (desde 1512 hasta  el siglo XIX) y con los chilenos después, sobre todo a partir de 1850 y en particular entre 1881 y 1883, en que Chile consigue replegar al Mapuche a territorios determinados, desarmarlos completamente, confiscar sus tierras y dominarlos rodeando sus comunidades por colonos chilenos y extranjeros.
Posteriormente, durante la Dictadura Militar, desde 1973, el territorio Mapuche vuelve a sufrir las penurias del Estado de Chile; el Pueblo Mapuche ha sufrido fuertes modificaciones, tanto territoriales como culturales. Y lo que hoy llamamos Pueblo Mapuche, consta de “tradiciones” distintas; aquellos que resistieron hasta nuestros días, aquellos que se “mestizaron” con los chilenos o españoles y aquellos que fueron migrando a las ciudades (fuera de Wall Mapu = país Mapuche) pero mantuvieron de alguna forma su raíz cultural.

No es fácil explicar este fenómeno y no viene al caso en esta pequeña columna; pero de todas maneras vale la pena leer algo sobre la historia del Pueblo Mapuche y conocer cómo se llega a la situación actual.

Ser Mapuche (Mapu:tierra; Che:gente), es ser gente de la tierra; y esto es mucho más que un nombre. Corresponde a toda una cosmovisión; a una forma de comprenderse (en el mundo y en las relaciones) y de comprender la realidad. El Mapuche ha resistido (por más de 500 años) y eso constituye identidad. El Pueblo Mapuche es un pueblo de la oralidad, y no tanto de la escritura; un pueblo de trabajo y comunidad (y no tanto de construcciones y complejas estructuras). Su identidad se constituye como un pueblo simple, guerrero, religioso y campesino. Cada una de estas categorías merecería ser analizada y explicada con mayor sutileza. La relación con la tierra define al pueblo, que agradece a Ngenechén (que hoy traducimos como Dios, sin embargo se piensa que es una reducción y una aproximación hecha por los jesuitas en tiempos de la conquista, entre los siglos XVII-XVIII. Cabe decir que los jesuitas fueron grandes defensores y admiradores de la espiritualidad y forma de vida Mapuche) por todo lo recibido de ella. La cosmovisión del Mapuche está representada a través del Kultrún, que es también un instrumento ceremonial.
Kultrún

Para hacerse una idea de esto, en la actualidad, el Pueblo Mapuche es un pueblo empobrecido, campesino, que durante toda la historia de Chile ha sido humillado y menospreciado (hay un sin número de caricaturas clasistas y racistas al respecto). Es así como llegamos al siglo XXI. La historia misma ha llevado a que surjan (y en consonancia con un movimiento indigenista mucho mayor) momentos y fuerzas de reivindicación de la identidad y los derechos propios de los pueblos originarios. Una fuerte lucha por reconocimiento y autodeterminación. Son múltiples las demandas y muchas veces poco claras, en relación al Estado. Resuenan consignas como Nación Mapuche y Autonomía total. Y una fuerte lucha por la recuperación de las tierras ancestrales; que a su vez constituyen lugares sagrados. 

Aquí nos encontramos con un tema complejo, donde se mezclan intereses. Por un lado, el Pueblo Mapuche y sus comunidades luchan por recuperar lugares sagrados, cementerios mapuche, tierras que representan a los dioses, lugares de oración y ceremonia (Nguillatún = rogativas por el bienestar de la comunidad y agradecimiento); y por otro lado el Estado de Chile que defiende tierras actualmente pertenecientes a grandes empresas forestales, y otras relacionadas con la energía y agricultura (en su mayoría pertenecientes a grandes grupos económicos del país). Es decir, hoy está, también, implicado un interés económico en el conflicto, situación que complejiza más el camino hacia la paz y el diálogo.

No hay que imaginarse al Pueblo Mapuche como una unidad homogénea en estas demandas. Dentro del mismo pueblo hay muchas maneras de comprender su relación con el chileno: diálogo pacífico, presiones mediante grupos organizados, ataques, recuperación de la lengua y las tradiciones ancestrales, etc. Para muchos, justamente esta pluralidad de ideas y luchas, dentro del propio Pueblo Mapuche, es una de sus mejores armas de defensa y tal vez la gran razón de su histórica supervivencia. Una capacidad de integración, relación y, al mismo tiempo, resistencia impresionantes.  

we-tripantu
La relación con el cristianismo daría para otra columna; aquí vale decir que ha habido diferentes etapas en este encuentro. De un primer contacto con la Iglesia Católica, a una relación más estrecha con el mundo evangélico (fenómeno que se dio en general con las capas más pobres del país, con más fuerza desde mediados del siglo XX). Hoy, el Mapuche es reticente a las Iglesias evangélicas pentecostales, por ser críticas y poco respetuosas a su religiosidad propia. A pesar de ello, hoy, hay muchos Mapuche cristianos. La Iglesia Católica posee una Pastoral Mapuche bien organizada, cuyas fuerzas están puestas más bien en acompañar a los Mapuche Católicos, en su vida sacramental y cotidiana. No ha sido fácil entrar en los temas políticos y sociales con mayor incidencia y resolución. El Obispo, hoy Cardenal, de Santiago Monseñor Ricardo Ezzati, fue un interlocutor válido en el dialogo Mapuche-Gobierno de Chile hace algunos años (hasta el año 2010, aproximadamente); sin embargo al percibir lo complejo del tema (y otras razones) dio un paso al lado sin muchas explicaciones (esto le ha llevado variadas criticas y distanciamientos). Hoy por hoy, los Jesuitas, los Misioneros del Verbo Divino, las Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa y otras congregaciones religiosas realizan un trabajo de acompañamiento exhaustivo y constante en las comunidades Mapuche.

En la cotidianidad de Chile (y en particular Santiago, Temuco y las localidades del sur) la presencia del Pueblo Mapuche es una realidad que toca, llega y afecta. Son cuatro los fenómenos que habría que registrar: las continuas marchas pacíficas (que raramente terminan así) por las ciudades y hacia las cárceles donde se encuentran presos muchísimos jóvenes (hombres y mujeres) y adultos que participan de estas manifestaciones. La aplicación de la ley anterrorista, por la cual son juzgados los Mapuche, sin importar muchas veces el acto cometido (recuperación ilegal de tierras, atentado incendiario, participación en manifestación, defensa legítima ante los múltiples y violentos allanamientos policiales) y en condiciones bastantes irregulares (testigos sin rostro, juicios sin pruebas, fiscales racistas).
Carabineros
Las continuas huelgas de hambre, que realizan de manera desesperada los jóvenes presos, medida que remece a todo el país y han llegado a multiplicarse. Y, por último, una nueva generación de Mapuche, que desde el mundo intelectual (abogados, escritores, historiadores), desde el mundo artístico (poetas, artesanos, pintores) y desde el mundo estudiantil y político (dirigentes, líderes, autoridades) buscan comprender y trabajar por una relación verdaderamente justa, humana, buena y pacífica para el Pueblo Mapuche. Trabajo muchas veces realizado en compañía del mundo huinca (=chilenos, extranjeros) que solidariza con la causa: ONGs, Movimientos pro indígenas, Colectivos culturales, Organismos estudiantiles, Derechos Humanos, grupos anarquistas y Comunidades de Iglesia (¡así de variada la situación!).



Desde la Congregación sscc no existe nada organizado y sistemático; y las diferentes iniciativas han sido promovidas por hermanos concretos que ven aquí, por un lado un pueblo sufriente, pobre e injusticiado. Y por otro, una verdadera periferia espiritual, existencial y cultural (como nos ha dicho el Papa Francisco y los documentos del 38° Capítulo General SSCC 2013). Dos de nuestras parroquias en la Provincia (tal vez tres) están ubicadas en territorios de Wall Mapu, a saber, Rio Bueno, La Unión y Concepción. En nuestras parroquias se realizan trabajos de acompañamiento, visita a las familias, misión y, últimamente, visita a los Presos Políticos Mapuche (PPM), debido a la realidad de la situación. Hay que entender que gran parte de los animadores de comunidades, los catequistas, asesores, son Mapuche. No son pocos los hermanos que han participado en encuentros de mapuche católicos, en Nguillatunes, Lepunes (otro nombre para las rogativas) y otras celebraciones religiosas. Los hermanos conocen la situación y es, de todas maneras, una preocupación constante. Hace poco algunos hermanos establecieron contacto con el párroco (sacerdote diocesano mapuche) de una de las localidades Mapuche más afectadas con la situación (Ercilla, Wente Winkul Mapu, Temucuicui). Con él se ha establecido un contacto gratuito y fluido. No son pocos los presbíteros mapuche, sin embargo, la gran mayoría no se ha querido meter en el tema. El año 2013 se realizó la misión vocacional en tierras Mapuche, donde participaron 3 hermanos sscc y unos 10 jóvenes; y a fin de año los formadores del postulantado y los formandos fueron a acompañar y acercarse un poco más a esta realidad en la misma localidad de Ercilla.



Es claro que la situación continuará por lo menos unos 20 años, valdría la pena preguntarnos hasta dónde queremos llegar, si estamos dispuestos a responder, cómo; con quienes, cuáles serán nuestras opciones… el Pueblo mapuche constituye un tesoro cultural, espiritual y humano. Y hoy por hoy un desafío real y el rostro concreto de un pueblo que sufre.   




      Más reflexiones de Pedro Pablo en   http://reflexionesitinerantes.wordpress.com/

  

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